Racismo corriente (Margensur)

Racismo corriente (Margensur)

Alejandro Saldaña Rosas

Académico. Director de Desarrollo Económico del H. Ayuntamiento de Xalapa, Ver.

Twitter: @alesal3 / Facebook: Alejandro Saldaña

 

 

 

Racismo corriente

 

 

Dos expresiones profundamente racistas se han presentado en nuestro país en la misma semana. La primera ocurrida en Chihuahua el 6 de febrero cuando las y los diputados de la Junta de Coordinación Política del Congreso del estado recibieron a un grupo de indígenas rarámuris. Los representantes indígenas acudieron ante los legisladores para denunciar los altos precios de las rentas que deben pagar a los dueños de las tierras donde se asientan sus comunidades, así como los allanamientos cometidos en sus viviendas.

En la reunión se observa que mientras las y los legisladores desayunan opíparamente, los indígenas participan del banquete solo con la vista, acaso con el olfato, pero desde luego no fueron convidados, vamos, ni siquiera tuvieron un lugar en la mesa. La distancia entre unos y otros es marcada por la disposición de las sillas en el salón o restaurante, por la indumentaria, por la forma de hablar y, sobre todo, porque unos comen mientras otros miran. Siglos de racismo en una sola imagen que puede usted ver en la siguiente liga: http://www.sinembargo.mx/08-02-2018/3383065. Posteriormente los legisladores pidieron una disculpa a las y los rarámuris. Quien se excusa, se acusa.

La segunda expresión de racismo corrió a cargo del presidente del PRI, Enrique Ochoa Reza. Con una torpeza política explicable acaso por la desesperación de que Meade (el #Yomero) no despierta el mínimo interés en los ciudadanos ajenos al tricolor, Enrique “Clavillazo” Ochoa vociferó en Tabasco: “A los prietos de Morena les vamos a demostrar que son prietos pero ya no aprietan”. Racismo y sexismo en una sola frase gritada a todo pulmón en un mitin político: autogol de antología, increíble. Las críticas no se hicieron esperar, al punto que el político borró el tuit y pidió disculpas: “El día de hoy en Tabasco me referí a los PRIistas que se han pasado a Morena como PRIetos. Mi comentario jamás fue referido a las personas que tienen mi mismo color de piel, del cual me siento muy orgulloso”. Quien se excusa, se acusa. Eso sí, de su expresión sexista no dijo nada.

El exabrupto del “Clavillazo” Ochoa hundió aún más a José Antonio Meade en las preferencias electorales y a pesar de que echaron a andar a sus miles de activistas en las redes sociales, el golpe mediático inicial ha sido devastador para el candidato de la coalición Todos por México. No sería nada raro que en los próximos días ocurra un relevo en la presidencia del Revolucionario Institucional.

Las dos anteriores referencias racistas ocurridas en la misma semana traen al recuerdo aquella otra de Lorenzo Córdova, Consejero Presidente del INE, en el año 2015. En una llamada telefónica privada con el Secretario Ejecutivo del órgano electoral (ilegalmente intervenida), el Presidente del INE se expresó en estos términos de un indígena con quien había conversado: “No mames, cabrón: es que desde las dramáticas reuniones con los padres de Ayotzinapa hasta esto, había un mundo. No voy a mentir. Te voy a decir cómo hablaba ese cabrón: ‘Quiobo, jefe gran nación chichimeca. Vengo Guanajuato. Yo decir a ti, o diputados para nosotros o yo no permitir tus elecciones’. Yo no sé si sea cierto que hable así, cabrón. Pero vio mucho Llanero Solitario, cabrón […]. Nada más le faltó decir: ‘Yo, gran jefe Toro Sentado. Líder chichimeca. No mames, cabrón, no mames. No, no, no, de pánico cabrón. O acabamos de aquí divertidos, o acabamos en el siquiatra de aquí’”. Aquí la nota con el audio: http://www.sinembargo.mx/19-05-2015/1349899. Lorenzo Córdova también pidió disculpas. Quien se excusa, se acusa.

Estas tres infames viñetas retratan de cuerpo entero a la clase política mexicana: extraña a su gente, ausente a su origen, ajena a su historia. Tres viñetas racistas, tres disculpas que inculpan, tres expresiones de la distrofia del sistema de representación que para funcionar y reproducirse está obligado a olvidar a más de once millones de mexicanas y mexicanos. Y a otros cien millones más de mestizos, afromexicanos y otras “minorías”: personas que no existen como tales, sino solamente en tiempos electorales.

En esta tesitura la candidatura de María de Jesús Patricio Martínez, Marychuy, indígena nahua postulada por el Congreso Nacional Indígena, adquiere mayor fuerza puesto que nos hace ver que el racismo corriente, cotidiano, ordinario, está generalizado en todo el país. Marychuy es la voz de los sin voz, la presencia de los invisibles, los pasos de los ausentes.

El racismo en México es evidente pero invisible por fuerza de su reiteración, por su cotidianidad abrumadora, por la ausencia de preguntas que interroguen el fondo y la forma, y los porqués desde luego. Racismo corriente que normaliza lo que de suyo es injusto, desigual, explotador, infame. Racismo corriente que normaliza que los pobres, los albañiles, los campesinos, los trabajadores son en su mayoría de piel oscura. No se cuestiona por qué, se da por hecho y se reproduce desde la ignorancia, y muchas veces también desde la inquina.

Racismo corriente que normaliza que las trabajadoras domésticas son indígenas o mestizas, son pobres, son mujeres, son morenas. Racismo corriente que no cuestiona por qué las mujeres (y no pocos hombres) tiñen de rubio su cabello, aplican cremas blanqueadoras y usan lentillas azules o verdes, nunca cafés o negras. Racismo corriente que tampoco cuestiona que los jefes de empresa, los banqueros o dueños de corporaciones sean en su mayoría de piel clara, rasgos occidentales y casi siempre hombres. Es normal.

Así ha sido siempre, es normal, dictan los preceptos no escritos de una sociedad profundamente dividida en clases sociales con colores de piel y capitales bien diferenciados. Es un racismo que de tan corriente no se percibe, no se piensa, no se cuestiona: racismo corriente.

De allí que las disculpas de las y los diputados de Chihuahua, de Enrique Ochoa y de Lorenzo Córdova sean sinceras. Por supuesto, no se duda de la franqueza de sus palabras. Justamente allí reside lo más preocupante de sus exabruptos: no se percatan del racismo que les habita.

Y usted, amable lector y lectora que ha seguido este texto hasta el final, ¿es consciente del racismo que le hace considerar con normalidad lo que tiene su origen en la explotación, la exclusión y la injusticia? Yo, debo reconocerlo, hago un esfuerzo que ha dado poquitos resultados. Hay que insistir.

 

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1 Comment

  1. Jorge Aguirre Hervis

    Nos hemos acostumbrado a ver el racismo social como algo muy natural y poco o nada hacemos por combatirlo, cuando tendríamos que actuar para erradicarlo. El origen étnico no tiene que ver con el hecho de ser mejor persona, el grado cultural de conocimientos por enormes que éstos sean no es sinónimo de ser personas íntegras o cabales. Hay que ir al rescate de nuestra propia identidad como individuos, Sociedad Pueblos y Nación Soberana, fincados en los principios, valores y virtudes intrínsecos del ser humano: el respeto, la tolerancia, fraternidad y solidaridad, con una profunda educación cívica, ética ,integral, que tienda a ocupar el infinito espacio social .Y les pido disculpas si me salí un poco del contexto, pero es necesario, para que no se sigan cometiendo tantos absurdos. De paso, también para ocupar estos medios de vanguardia de manera responsable.

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