La kinestesia del poder (Margensur)

La kinestesia del poder (Margensur)

Alejandro Saldaña Rosas
Sociólogo. Profesor Investigador de la Universidad Veracruzana
Twitter: @alesal3 / Facebook: Compa Saldaña

 

 

 

 

La kinestesia del poder

No siempre lo que se ve parece ser lo que es.

Kalimán

 

 

La invitación a marchar para –teóricamente- hacer un frente común, “unidad nacional” incluso, en contra de Donald Trump y sus políticas antimexicanas, curiosamente empata en su tentativa movilizadora, en su ánimo kinestésico, con el lema de campaña de Enrique Peña Nieto: Mover a México.

            Si no fuimos capaces de “Mover a México”, al menos organicemos un movimiento consolador: #VibraMéxico. Si no podemos “Mover a México”, aunque sea que vibre. Tal pareciera ser la intención que animó a los convocantes de la marcha #VibraMéxico del domingo 12 de febrero. A falta de proyecto de nación, de horizonte de futuro y de capacidad política, el poder recurre a la kinestesia diseñada por sus think thanks en lujosos despachos publicitarios. ¿A qué genio del marketing político se le habrá ocurrido convocar con ese hashtag vibratorio?

            Del Mover a México de inicio del sexenio al #VibraMéxico de su ocaso prematuro, hay una línea descendiente marcada por la corrupción, la impunidad, la falta de imaginación política, la escasez de luces en el gabinete de Peña y la subordinación de la soberanía nacional a los intereses de particulares, nacionales y extranjeros. No extraña por tanto que la movilización del 12 de febrero haya mostrado un músculo exangüe, una unidad fraccionada, pobreza de ideas y una capacidad vibratoria de pilas en agonía. Más allá del número de participantes, que fueron muchos menos de los esperados, las crónicas refieren escaso entusiasmo, tibieza en las consignas, brío menguado. La marcha anti-Trump derivó en un agradable paseo dominical, probablemente culminado con una espléndida comida en bonito restaurante de la zona.

            Una de las intelectuales convocantes, la doctora María Amparo Casar, comentó días antes que la marcha no sería pro-Peña ni anti-Peña, por lo que las pancartas deberían ser neutras. Bien, parece que las pancartas y las consignas, o al menos una buena parte de ellas, fueron peor que neutras: vacías, inertes, opacas. Consignas X, como Claudio González, otro de los convocantes. Irónicamente, una marcha convo cada por intelectuales mexicanos de reconocido pedigrí (Casar, Krauze, Aguilar Camín, Dresser, entre otros) careció de ideas, de propuestas, de imaginación.

            Si los marchistas anti-Trump estuvieron parcos de ideas y escasos de osadía, por el contrario, los manifestantes contra Peña se prodigaron en consignas, pancartas y energía en sus protestas. Se cumplió la profecía: la marcha #VibraMéxico se convirtió en una manifestación opositora a Peña y a su ya de por sí erosionado liderazgo. El efecto búmeran de la marcha, anunciado y previsible, evidenció el mellado filo de las cúpulas empresariales, del PRI, las televisoras y el gobierno mexicano para ocupar las calles y movilizar conciencias sin recurrir al acarreo masivo o al chantaje político. Asimismo, dejó ver el hartazgo de la sociedad mexicana por los gasolinazos, la corrupción, la impunidad y el cinismo del gobierno encabezado por Peña.

            Marchar es un discurso, por lo que son relevantes los convocantes, el recorrido, las consignas, el número y el ánimo de los participantes, la aceptación o no de los mirones, los dispositivos de seguridad, la cobertura de los medios, los operativos policiacos, etc. Llama poderosamente la atención que los contingentes que acudieron con pancartas anti-Peña fueron encapsulados, acosados, amedrentados. Vista en conjunto, ¿qué mensaje dejó la marcha #VibraMéxico? Difícilmente quitó el sueño a Trump y sus repercusiones a nivel internacional aún están por verse, en función de la cobertura de la prensa, las reacciones de líderes y pueblos y especialmente del impacto entre los mexicanos en los Estados Unidos. En México es claro que cada quien tendrá su propia lectura y sus propias conclusiones; sin embargo, parece haber coincidencia en que estuvo lejos de cumplir las expectativas de sus organizadores y si algo quedó claro es que, convocada bajo el manto de la unidad, la marcha patentizó una profunda división que atraviesa al país entero. Unidad nacional de cristal de Baccarat, frágil y quebradiza a fuerza de racismo, clasismo, sexismo, exclusión en todas sus formas.

            Por otra parte, es inevitable sospechar de las verdaderas intenciones de los convocantes toda vez que curiosamente la marcha sucedió el mismo día en que Andrés Manuel López Obrador inició su gira por los Estados Unidos. Para no variar y como en muchas otras ocasiones, el Peje marca la agenda tanto al gobierno mexicano como a los partidos políticos. Quizás de ahí, entre otras, la tirria hacia el tabasqueño. Personajes que hace pocos años encabezaron la campaña de odio en contra de AMLO, y que continúan escupiendo diatribas en su contra, son los mismos que envueltos en la bandera nacional llamaron a ocupar las calles de la Ciudad de México en aras de la unidad nacional para enfrentar al enemigo, sin empacho alguno por obviar que el enemigo está en casa. El troyano canciller Videgaray, amanuense de Trump, representa sólo la punta del copete de las fuerzas norteamericanas que operan con total libertad en nuestro país.

            Los afanes kinestésicos del poder en México desde luego mueven, ¡por supuesto! Mueven a risa, a preocupación, a indignación. Desde el llamado a Mover a México hasta la consigna #VibraMéxico es elocuente la imperiosa necesidad del régimen por legitimarse a través de la convocatoria a la acción, a la actividad, a la iniciativa y el movimiento. El problema es que no lo logra, nunca lo ha logrado y por lo visto se mantendrá en esta tesitura los próximos dos años.

            No podía ser de otra forma puesto que Peña llegó a la presidencia apoyado por cientos de miles de acarreados, miles de millones de pesos ilegalmente distribuidos en (pre)campaña, el poder de los medios de comunicación, la intrusión de la jerarquía católica, la complicidad de los consejeros del INE, la connivencia de gobernadores y líderes sindicales, el dinero del narco, en pocas palabras, por la intervención de los poderes fácticos, a los que responde atingentemente.

            Así, este es un gobierno paralizado, sin rumbo, honor ni valentía que convoca a movimientos de artificio, a marchas para alimentar los noticieros (tan bajos en sus ratings) y para que líderes e intelectuales en naftalina salgan a orearse los domingos.

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