En los zapatos del otro…

En los zapatos del otro…

Ernesto Ledesma Arronte

Director de Rompeviento TV

@eledesmaa

En los zapatos del otro…

 

Amor brujo

Cuando el fuego abraza, cuando el río suena,

Si el agua no mata el fuego, a mí el querer me envenena,

a mí el querer me condena, a mí el penar me envenena,

a mí me mata la pena.

Manuel de Falla

 

 

Corría el año 2012, el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad colocó un reflector a las consecuencias de la llamada “Guerra contra el narcotráfico” implementada por Felipe Calderón y todo su gabinete. Las consecuencias de esa errática e irresponsable iniciativa fueron estremecedoras: ejecuciones sumarias, desapariciones forzadas e involuntarias, desplazamientos forzosos, feminicidios, dolor sin fin.

 

En tiempos oscuros, como es ley, siempre aparecen grupos de personas que se organizan para enfrentar las crudas realidades que nos habitan. En esa ocasión, uno de esos grupos fue una red de actrices, actores y productores de cine y teatro que decidieron formar un frente de lucha común para sumar su parte y su aporte a la batalla que enfrentaban madres y padres de familia contra el gobierno mexicano, en la frenética búsqueda de sus desaparecidos. El grupo se autodenominó “El Grito más Fuerte”. No pongo los nombres de todos sus integrantes porque no los recuerdo, así que mejor no menciono a ninguno y así menciono a todas y todos.

 

Estos actores y actrices tuvieron la idea de llevar a cabo un evento público para dar un reflector más poderoso a madres y padres que habían perdido hijos en la guerra siniestra de Felipe Calderón. Lanzaron una campaña que tuvieron el tino de llamar En los zapatos del otro. Filmaron videos y lanzaron una campaña exitosa en términos de profundidad, concientización y alcance, que permitió darle una proyección más amplia a la tragedia nacional que vive México.

 

En los zapatos del otro…

 

Haciendo a un lado los tiempos de la invasión española, tengo la temible certeza de que México padece el tiempo más oscuro de su historia, y por triste que se escuche, creo que una gran parte de la población sabe que se va a poner peor. No tiene que ver con pesimismo, ojalá fuera eso, ojalá estuviéramos equivocados, esa sí sería una fantasía.

 

Acompañar o dar cobertura constante a madres, padres, hijos, hijas, hermanos, hermanas de personas desaparecidas o ejecutadas, o a familiares de presos políticos, es un gran desafío, como lo es también acompañar y dar cobertura a la movilización social y la creciente represión que esta enfrenta. Precisamos templanza y una mirada amplia. No podemos engancharnos, no debemos acostumbrarnos a la violencia o desanimarnos, particularmente cuando esto ocurre todos los días.

 

En los zapatos de la otra…

 

No voy a repetir las cifras de ejecuciones, feminicidios, desaparecidos. Tampoco hablaré del incremento exponencial de la pobreza y la pobreza extrema en México. Quiero hacer énfasis en la corrupción, en la impunidad, en el despojo a la nación, en el contubernio de gobiernos municipales, estatales y el federal con el crimen organizado, con el narcotráfico, con un amplio sector empresarial, con el negocio, con la muerte. Tengo plena conciencia de que con ellos en el poder, esto irremediablemente se pondrá peor.

 

Quiero hablar del papel que juegan los medios de comunicación en este escenario, y particularmente de los medios y los periodistas al servicio del Estado, al servicio del sistema. No quisiera ser una persona desaparecida y ser familiar cercano de Luis Cárdenas, de Alejandro Cárdenas, de Ezra Shabot (condenados a estar a la sombra de Carmen Aristegui), de Joaquín López Dóriga, de Carlos Loret de Mola, de Ricardo Alemán, de Ciro Gómez Leyva, Jorge Fernández Menéndez, de Carlos Marín, de Pablo Hiriart, de Héctor Aguilar Camín, por poner sólo algunos ejemplos de quienes son ya símbolo de su propio legado, mezquinos con la gente de abajo, serviles con el poder en turno, cínicos en la manipulación y la mentira, insensibles al sufrimiento humano. ¿Cuánto ganan, qué propiedades tienen, cuántos testaferros ocupan? ¿Todo esto lo hacen por poder y dinero? ¿Lo harían si no hubiera la paga o el cotito de poder que reciben? Si su hija o hijo estuvieran desaparecidos y la explicación hubiese sido la misma que el gobierno mexicano dio a los familiares de Ayotzinapa, ¿hubiesen aceptado esa versión, dejarían de buscar a sus hijos? Si el gobierno no permite que los militares sean interrogados por el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes, ¿hubieran aceptado eso con su hijo desaparecido? Tortura, alteración y ocultamiento de evidencia es la huella indeleble que dejó el gobierno mexicano en el caso Ayotzinapa y muchos casos más. ¿Aceptaría esas versiones cualquiera de estos periodistas que encubrió a las autoridades mexicanas si se tratara de su hija o de su hijo? ¿En verdad lo aceptarían?

 

En los zapatos del otro…

 

¿Cuántos fraudes electorales han encubierto… y los que vienen? ¿Cuántos crímenes han encubierto… y los que vienen? ¿Cuántos hechos de corrupción encubren y/o forman parte de ellos… y los que vienen? Si juntáramos toda la desinformación que vierten a diario estos periodistas, ¿cómo podríamos medir el nivel de corresponsabilidad que tienen en la condición actual del país? ¿Cuánto nos cuestan? Uno de los propósitos fundamentales de la desinformación es que las personas jamás se pongan en los zapatos del otro, o sea, que no adquieran conciencia plena de sí mismas y de los demás.

 

Permítame ponerle sólo un ejemplo que muestra el trabajo de los periodistas citados:

 

El Financiero (30 de mayo 2016)

Pablo Hiriart

Ahí en Tlatlaya no hubo ejecuciones sumarias, sino mano dura ante una numerosa banda de plagiarios que opusieron resistencia al Ejército.

Así debe ser. Pero cuando se ejerce la legítima violencia del Estado contra secuestradores y asesinos, viene una ola de protestas en los medios que tienden a inhibir la acción de las fuerzas de seguridad que tenemos.

Hay que poner orden sin miedo. La seguridad de México y los ciudadanos es primero (…).

Sí, es cierto que el país no se puede manejar a garrotazos, pero si alguien tiene que darlos es el Estado y no la mafia de la CNTE o los grupos criminales.

En San Cristóbal de las Casas, la semana pasada, la CNTE y el EZLN secuestraron al presidente del Congreso del estado, lo amarraron en la plaza central y amenazaron con quemarlo vivo si no les cumplían sus demandas (…).

http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/el-secuestro-de-alan-pulido-mano-dura-urge.html

 

Esta perla escrita por Pablo Hiriart llama a exterminar, a reprimir; miente, manipula, estigmatiza, encubre.

 

Así como éste, podemos poner ejemplos de cada uno de estos periodistas. Lo grave es que ellos están en cadena nacional, todos los mencionados; no importa si nos cambian a un López Dóriga por una Maerker, ¿quién cree que ella representa el “cambio” en Televisa? En dado caso, la pregunta es ¿por qué prestarse al juego de la “cara limpia” de Televisa? ¿O qué, va a poner su “granito de arena” y va a generar un cambio “desde adentro”? ¿Quién no entiende la dimensión de Televisa y las consecuencias que ha tenido para México?

 

Dice una regla no escrita que en el periodismo no debes meterte con colegas ni con otros medios de comunicación… En las condiciones actuales del país, ¿cómo no meternos con quienes encubren a los perpetradores de violaciones a derechos humanos, a quienes delinquen en el país? ¿No enfrentamos en México un nuevo paradigma? ¿Cuál es el límite de lo “políticamente correcto”? ¿Cuántos muertos, cuántos desaparecidos, cuántos Ayotzinapas, Tlatlayas, Tetelcingos, cuántas reformas estructurales, cuántos desempleados, cuántos marcan el límite de lo “políticamente correcto” o de lo “estratégico”, como le llaman otros?

 

¿Queda alguna duda de que en México se están cometiendo todos los días Crímenes de Lesa Humanidad?

 

Hace unos días, durante la entrega del Premio Ariel 2016, la actriz Dolores Heredia, presidenta de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC), señaló: “vivimos tiempos sombríos de impunidad y violencia, pero que no nos gane el desencanto, gente, necesitamos buenas noticias”.

¿Cuáles serían esas buenas noticias? ¡Vale! ¿Dónde nos vemos? ¿Por dónde empujamos?

En los zapatos de la otra… Tic, tac., tic, tac.

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3 Comments

  1. luis sanchez

    No entendí eso de los periodistas “condenados a estar a la sombra de Carmen Aistegui”…
    ¿Tambien dicha periodista es oficialista o chayotera?

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    1. Rompeviento TV

      Hola Luis, me refiero a quienes atacaron y suplantaron a la mala a la periodista Carmen Aristegui. Alejandro Cacho entró a sustituir a Carmen en el programa de radio MVS Noticias 1ª Emisión poco tiempo después de la salida de Aristegui y su equipo; posteriormente, Luis Cárdenas entró a la conducción de ese nuevo espacio; finalmente, MVS terminó perdiendo la extraordinaria credibilidad y audiencia que tenía y tiene Carmen Aristegui. Resumidamente, ellos no cubren siquiera minimanente el hueco que dejó Carmen, en ningún terreno. En llano, están usurpando un lugar que si tuvieran un poco de dignidad e integridad jamás ocuparían. Aristegui es una sombra que les perseguirá en términos profesionales y éticos. Gracias por escribir. Ernesto Ledesma

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  2. Alicia Sosa

    Sr. Ledesma, cuan difícil resulta ponerse en el lugar de otro o en los zapatos de la otra, solo que si no hacemos el ejercicio, nuestro país no sale de este hoyo en el que nos hemos metido, unos por corruptos y abusivos y otros por dejados, apáticos, ignorantes o faltos de valor para protestar.
    Esto solo se soluciona uniéndonos, organizándonos, participando, difundiendo, protestando, estudiando, analizando, informando o sea comprometidos con nuestro quehacer profesional, personal, político y social hacia nosotros mismos, nuestra familia, nuestra ciudad, nuestro estado, nuestro país.

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