Miedo al canto de Duarte

Miedo al canto de Duarte

Corresponsal de la revista Proceso en Washington

@JJesusEsquivel

 

Miedo al canto de Duarte

 

Washington – El más reciente ejemplo de corrupción e impunidad que impera en el gobierno de Enrique Peña Nieto es el caso del exgobernador priista del estado de Chihuahua, César Duarte.

Acusado de uno de los desfalcos estatales más grandes en la historia del país, Duarte vive tranquilamente en Estados Unidos.

Lo insólito del asunto es que, aunque pesan por lo menos10 órdenes de aprehensión en contra de Duarte por enriquecimiento ilícito y corrupción, entre otros múltiples delitos que cometió en Chihuahua, el gobierno de Peña Nieto todavía no ha solicitado al de Estados Unidos la petición de arresto con propósitos de extradición de tan connotado criminal.

El pasado 20 de diciembre, el gobernador panista del estado de Chihuahua, Javier Corral, anunció la captura del ex secretario general del CEN del PRI, Alejandro Gutiérrez Gutiérrez, acusándolo de haber orquestado la triangulación de 250 millones de pesos de Hacienda federal a la Secretaría de Educación del estado, para financiar campañas de su partido en otras entidades durante los comicios de julio de 2016.

El caso destapó una cloaca de delitos electorales y corrupción por parte de los altos mandos del PRI en esos momentos, con Manlio Fabio Beltrones al frente y Gutiérrez Gutiérrez como su operador financiero, en clara asociación, o por lo menos concordancia, con la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, en esos tiempos bajo la dirección del ahora canciller, Luis Videgaray.

Expuesto a detalle en un amplio reportaje en la primera plana del diario estadunidense The New York Times, el jueves 21 de diciembre del año pasado, el caso de la triangulación de dineros de Hacienda federal para campañas priistas corroboró que Duarte fungió como una pieza fundamental para todo el aparato de corrupción de Peña Nieto.

La fiscalía del estado de Chihuahua está haciendo una labor extraordinaria que debería ser reconocida y copiada en todas las entidades del país y aplaudida por el gobierno federal.

La realidad política de México es inconcebible. El lunes 8 de enero Corral denunció en la Ciudad de México que su gobierno está siendo estrangulado por Hacienda federal, que le canceló la entrega de 700 millones de pesos que por ley le corresponden a su entidad, por haber iniciado el proceso judicial en contra de los priistas.

Sólo en el México de Peña Nieto se castiga a quienes combaten el delito de la corrupción, que ha empobrecido por décadas y décadas al país.

En una democracia funcional, Videgaray debería ya estar declarando ante los tribunales por el caso de la triangulación de fondos para el PRI, y Beltrones procesado judicialmente y no solicitando amparos para defenderse de lo indefendible como lo está haciendo.

Mayormente grave es que Duarte, en lugar de estar tras las rejas, goce de libertad, porque ni la Procuraduría General de la Republica (PGR) ni Videgaray han solicitado al gobierno de Trump la extradición del corrupto y ratero exgobernador de Chihuahua.

Detenerlo en Estados Unidos es lo más sencillo. Vive entre la ciudad de El Paso, Texas, y un rancho cerca de Las Cruces, Nuevo México.

Como parte del reportaje del New York Times y en coautoría con el corresponsal en México del prestigioso diario, Azam Ahmed, quien escribió este artículo de opinión, tocó la puerta de 10 propiedades en El Paso, a nombre de Duarte.

El exgobernador está procesando su residencia permanente en Estados Unidos por medio de una de sus hijas, mayor de 21 años de edad y ciudadana de la nación bajo el mando de Donald Trump.

Nada justifica la omisión de la PGR y de Videgaray de no pedir en extradición a Duarte. Corral sostiene que la PGR justifica la dilación con el cuento de que no ha terminado de traducir los expedientes del caso y las acusaciones para enviarlos a Washington.

Nadie cree semejante patraña a la PGR o a la cancillería de Videgaray.

Duarte es una bomba de corrupción, entregárselo al gobierno de Corral significaría un suicidio político para el PRI en el preámbulo de las elecciones de julio de este año.

Imposible justificar al gobierno de Peña Nieto por el caso de Duarte.

Es claro que el presidente, Beltrones, Videgaray, todo el PRI y José Antonio Meade, su candidato a la presidencia, tiemblan de miedo ante la posibilidad de que Duarte, al ser extraditado, cante todo lo que sabe sobre la corrupción electoral solapada desde Los Pinos. De otra forma no se entiende que sigan sin solicitar a Trump que les entregue al criminal.

 

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