Dejemos de sorprender al mundo

Dejemos de sorprender al mundo

J. Jesús Esquivel

Corresponsal de la revista Proceso en Washington

@JJesusEsquivel

 

 

 

Dejemos de sorprender al mundo

 

Washington – El deterioro social por la epidemia de inseguridad que aqueja a México parece incontenible, el descaro y la omisión de los gobernantes son doblemente ofensivos y sin embargo somos el país del statu quo, donde nunca ocurre nada en consecuencia.

La rendición de cuentas es como una fábula, no hay consecuencias por nada. Los corruptos son más ricos y más corruptos, las instituciones más burocráticas y obsoletas, los gobernantes… dejémoslo en impresentables.

Supongo que no somos una nación indolente ni conformista, pero al extranjero sorprende nuestra pasividad con respecto a lo que hacen otras sociedades para poner un alto a los abusos de los gobiernos y de los criminales.

Hablemos en unas cuantas líneas del caso Odebrecht. Somos el hazmerreír del mundo y de nuestros vecinos latinoamericanos por este escándalo de corrupción de alcance internacional.

Guatemala, sí, Guatemala, la nación centroamericana y nuestro vecino del sur, ya metió a la cárcel a un expresidente, y nosotros, bien gracias.

Las mujeres víctimas de abuso policial y sexual en el caso Atenco, ante la ausencia de justicia en México y en el Estado de México, tuvieron que acudir a la Corte Interamericana en San José, Costa Rica, donde para el horror hemisférico detallaron las vejaciones a las que fueron sujetas.

Ni qué hablar de la criminalidad e inseguridad que arrolla a casi todos los estados de la república. No existe un solo día en el que no conozcamos de nuevos casos del horror al que nos han sometido las políticas belicosas de Enrique Peña Nieto en su combate a la criminalidad y al narcotráfico.

En nuestro vapuleado país nadie está a salvo del crimen. Hay matices que marcan la diferencia, como la deferencia e indiferencia con la que Peña Nieto aborda los casos. Todos somos mexicanos, pero en la aplicación de la poca justicia que tenemos hay discriminación. Nos enteramos de que un directivo de Televisa, Adolfo Lagos Espinosa, murió durante el asalto del que fue víctima en el Estado de México, uno de los más violentos e inseguros de México.

El directivo de la televisora llevaba escolta y de acuerdo con las raudas pesquisas del gobierno, murió por el disparo que lanzó su guardaespaldas a los ladrones que le querían robar su bicicleta de 50 mil pesos. Peña Nieto de inmediato, ante la tragedia empresarial de alto nivel, lamentó el incidente y ordenó una coadyuvancia en las investigaciones por parte de la PGR y del gobierno mexiquense en manos de su primo Alfredo del Mazo.

Cuántas de las víctimas de la violencia diaria que nos aqueja no quisieran que el presidente se hiciera cargo personalmente de sus casos. Muchas madres cuyas hijas han sido desaparecidas o secuestradas se sentirían por lo menos esperanzadas de que alguien se preocupa por ellas. Peña Nieto se olvida de que es nuestro empleado, que nosotros le pagamos su salario y que se debe a nosotros y no a los empresarios; exigimos que sea parejo en la poca impartición de justicia que aplica.

La clase gobernante y política sólo mira a julio de 2018. Son tan insolentes que no les importa la sociedad y solo quieren llenarse los bolsillos con la tómbola del dinero para financiar campañas, mismo que, valga la redundancia, sale de nuestros impuestos.

Para colmo, un diario de circulación nacional no tuvo empacho en publicar una encuesta de la que según se desprende, aumentó la aceptación de Peña Nieto tras el sismo. ¡Increíble!, y aun cuando fuera medianamente cierto, la ayuda a los damnificados no sale del bolsillo personal de Peña Nieto, y por ello vuelvo la redundancia: son fondos emanados de nuestros impuestos.

¿Seremos acaso una sociedad indolente? Lo pregunto porque incluso en el marasmo de las elecciones presidenciales del próximo año se habla de la posibilidad de que el partido político de Peña Nieto, el PRI, se quede con el poder. ¡Por favor, dejemos de sorprender al mundo!

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