Un presidente en su laberinto

Un presidente en su laberinto

J. Jesús Esquivel

Corresponsal de la revista Proceso en Washington

@JJesusEsquivel

 

 

 

 

Un presidente en su laberinto
 

 

 

Washington – Qué patético fue escuchar al presidente Enrique Peña Nieto quejarse del bullying que sufren las fuerzas de seguridad del Estado por parte de la sociedad civil. 

El acoso a las fuerzas de seguridad por parte de la ciudadanía que recriminó Peña Nieto, expone a un presidente que vive en su propio mundo; en una Casa Blanca rodeado de actrices de telenovelas en donde no hace eco el llanto de las familias de cientos de miles de víctimas de una guerra sin cuartel contra las drogas, de decenas de miles de desaparecidos, de millones de víctimas de graves violaciones a los derechos humanos y de tantos y tantos más que pagan las consecuencias de un gobierno tan corrupto como el de él, sumergidos en la pobreza. 

Parafraseando al gran Gabo, podríamos decir que Peña Nieto es un presidente que vive en su laberinto.  

¿Cómo se atreve el presidente a denunciar las quejas legítimas de la sociedad como un intento por “desmoronar” a las instituciones que sólo a él lo protegen con tanta eficacia? 

Recriminar la denuncia de la sociedad por las violaciones de derechos humanos que cometen militares y policías a todo nivel, es condonar los actos criminales de Ayotzinapa, Nochixtlán, Tanhuato y Tlatlaya, por mencionar los eventos de esta naturaleza de mayor envergadura. 

Peña Nieto no es ciego ni sordo, su problema es no querer aceptar el fracaso de su gobierno. Ni vale la pena recordar el número de muertos que ha dejado como saldo la lucha militarizada contra el tráfico de drogas que prometió parar, y que denunció como error de Felipe Calderón en su sexenio de la muerte. ¿Sabrá que son decenas de miles las mexicanas y mexicanos desaparecidos?  

En el mundo de juguete en el que se encuentra Peña Nieto, México es un lugar feliz, próspero y sin pobres ni indígenas.  

A los muertos, desaparecidos, secuestrados y millones de pobres, sus asistentes y fieles sirvientes los esconden debajo de la alfombra para que el laberinto en el que se mueve el presidente sea como calca de las telenovelas que produce la televisora que le consiguió hasta esposa. 

Dijo el quejoso mandatario que “son muy pocas las voces” que reconocen a las Fuerzas Armadas “cuando hay algo digno” que aplaudirles y que “tienen que actuar cada vez con protocolos de mayor rigor”. Esto último que denunció Peña Nieto enchina la piel. Entendamos que lamenta que el Ejército y la Marina tengan que cumplir con mínimos estándares nacionales e internacionales para garantizar la integridad de los derechos humanos de los mexicanos cuando operan. 

Si estando bajo la lupa de organizaciones civiles defensoras de las garantías individuales, de la impresentable Comisión Nacional de Derechos Humanos y de la misma sociedad, las Fuerzas Armadas comenten atrocidades dignas de juicios marciales, ¿que sería de nosotros si siguieran actuando como lo hacían bajo presidencias como la de Gustavo Díaz Ordaz o Luis Echeverría Álvarez? 

Aterra que, viviendo en su laberinto y disfrutando de su mundo de juguete, Peña Nieto quiera perpetuar su legado por medio de Aurelio Nuño o José Antonio Meade. Si alguien me presenta los méritos que han hecho estos dos esbirros y soldados del dedazo priista para que merezcan heredar el laberinto y el mundo rosa de las telenovelas, lo agradeceré.

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2 Comments

  1. Rago

    Excelente contenido @JJesusEsquivel, periodismo tan valioso como el que manejas asi como muchos otros verdaderos profesionales, trato de escuchar con mucha atencion tus aportaciones con @aristeguinoticias y tambien te sigo en @proceso, muchas felicidades y gracias por compattir tus valiosos editoriales, saludos con afecto desde monterrey

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