La necedad imperial (A bote pronto)

La necedad imperial (A bote pronto)

Alejandro Mosqueda Guadarrama

Camarógrafo, editor y documentalista

Facebook: Moga Aleko

 

 

 

 

La necedad imperial

 

 

Sin poder hacer nada ante los pasos que daba la joven revolución cubana, los Estados Unidos, tomaban medidas para tratar de ahogarla; derrotarla con la complicidad de varias naciones y la coacción a muchas más.

John F. Kennedy declaró el bloqueo a Cuba el 3 de febrero de 1962. Los siguientes gobiernos estadounidenses poco a poco le sumaron más medidas para hacer de este bloqueo una de las más agresivas y criminales estrategias “no violentas” contra nación alguna.

Los efectos sobre la población cubana, del brutal cerco económico y financiero a Cuba, se vieron amplificados al desgranarse el bloque socialista. El apoyo comercial del campo socialista a la isla,  se cayó, empezando por la ex Unión Soviética. La situación de la economía cubana empeoró gravemente, llevando a la población a sufrir los efectos en una reducción dramática de la calidad de vida. Se iniciaba un periodo de resistencia, de mayor convicción del pueblo cubano; con la dignidad como bandera: El Periodo Especial.

De acuerdo al informe del Gobierno de Cuba (de 2015), el daño a la economía por el bloqueo llega a los 121 mil 192 millones de dólares. En el terreno de la salud se han visto limitados para poder tener tratamientos adecuados, debido a la imposibilidad de contar con medicamentos o productos sanitarios. En materia alimentaria los daños han sido graves, siendo la población infantil la más afectada. Se registró en promedio una baja de peso de 5.5 kilos en la población adulta, que fue sometida a una especie de “dieta obligada”; el consumo de calorías bajó de 3,000 diarias a 2,200.

La economía socialista cubana entró en una crisis severa; por un lado, por los ajustes propios del sistema, y por otro, por el acoso permanente y cada vez mayor del cerco imperialista y la ausencia del comercio con el desaparecido bloque socialista. Maquinaria y petróleo se redujeron al máximo, con un impacto en la agricultura, y para la población, largos periodos diarios sin energía eléctrica. La bicicleta fue el principal -o casi único- medio de transporte.

Ese momento que enfrentó Cuba, hizo que los cubanos se replantearan el camino emprendido para fortalecer su desarrollo desde una concepción socialista. Se cuestionaron y debatieron teorías económicas. La crisis afectó todos los campos sociales, culturales y políticos, no solo el económico. Para muchos teóricos, políticos y gobiernos, la debacle del bloque socialista ponía en entredicho la viabilidad de la construcción del socialismo en Cuba. En varias partes del mundo, la izquierda empezó a ser una opción cada vez más desteñida y, en muchos casos, organizaciones y partidos de izquierda se desmarcaron de todo aquello asociado a revolución o socialismo.

Se nos impuso la idea de que la “evolución/propuesta” de la humanidad había llegado a su fin. Parecía que no había camino a ningún lado; se habló del fin de la historia, de que la humanidad no tenía posibilidades de construir su desarrollo más que por la vía capitalista. Se fortalecieron sus nuevas etiquetas o máscaras: el neoliberalismo o un capitalismo más humano, liberalismo democrático o democracia moderna. Se intentó imponer la globalización del capitalismo no sólo como la mejor vía, sino como la única posible para garantizar democracia, libertad y bienestar. Sin embargo, “olvidaron” que es ese sistema-modelo el que genera la mayor concentración, especulación, desigualdades, usura de bienes y capital, a costa de la calidad de vida de la inmensa mayoría de la población y genera daños irreversibles al medio ambiente.

Habría que revisar los resultados del proceso socialista cubano en los campos de la salud, educación, vivienda, deporte, cultura, en medio de un permanente ataque ideológico –con las mayores cadenas internacionales de comunicación trabajando con ese fin- y del brutal bloqueo comercial y financiero, desde que nació la Revolución, para vislumbrar la viabilidad de su proceso. Al compararlos con los resultados del capitalismo (dígale neoliberalismo o como usted guste), resulta evidente –como es en el caso de México- el crecimiento de las desigualdades año con año, el incremento de la violencia, la brecha entre pobres y ricos -que aumenta, a pesar de los programas para “combatir la pobreza”. La lógica del capitalismo nos ha llevado a la acumulación de la riqueza en unas cuantas manos, al despojo que se da en varias partes con el objetivo de la explotación de recursos naturales sin importar los daños sociales, pasando por encima de derechos colectivos y dañando a la naturaleza. Los medios de comunicación se quedan en el discurso de “las libertades y democracia”, sin darles contenidos concretos que se tendrían que reflejar en una mejor calidad de vida de la población.

A más de 50 años, con las expectativas que abrió la visita de Obama a Cuba, el bloqueo continúa más vivo que nunca, a pesar de que la inmensa mayoría de países ha votado por poner fin a esa medida de los Estados Unidos. La reciente votación de este 1 de noviembre en Naciones Unidas fue de 191 votos por quitar el bloqueo, 2 por mantenerlo y 0 abstenciones.

A pesar de que Obama había declarado el bloqueo como “un fracaso y obsoleto”, no fueron suficientes sus declaraciones, ni el restablecimiento de relaciones diplomáticas, para ponerle fin. El señor Trump, por el contrario, ha hablado de un endurecimiento del bloqueo, como forma de la política principal hacia Cuba.

La intención del imperio por terminar con la revolución cubana se mantiene intacta como desde los primeros años de la década del ’60. La necedad del imperio acompañada de su incondicional aliado, Israel, puede más que los 191 votos en contra. Pero con quien no han podido, es con la fortaleza, convicción y dignidad del pueblo cubano.

 

 

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