Otro 19 de septiembre (A bote pronto)

Otro 19 de septiembre (A bote pronto)

Alejandro Mosqueda Guadarrama

Camarógrafo, editor y documentalista

Facebook: Moga Aleko

 

 

Otro 19 de septiembre

 

 

Después de unas horas de pasmo de las autoridades, trataron de actuar ante los daños causados por el terremoto del 19 de septiembre, exactamente 32 años después del de 1985. Igual que en aquel, la sociedad civil en minutos estaba trabajando por remover escombros para salvar vidas. Esta movilidad de la sociedad en diferentes puntos de la ciudad de poco a poco estableció una red de apoyo, tanto para meter las manos en los edificios colapsados como para llevar herramientas y acopio de viveres, así como de comida preparada para los que ya estaban trabajando.

La comunicaión por internet permitió una enorme movilización social y por otro lado fue dejando al descubierto la ineptitud y arbitrariedades del gobierno. En un esfuerzo por ponerse al frente de la atención a la emergencia, el gobierno de la Ciudad de México y el federal, a través de diferentes instituciones, trataron de controlar la participación ciudadana. Los roces, desacuerdos y, en algunos casos, los enfrentamientos se dieron en varios momentos.

La poca sensibilidad de de las autoridades quedó de manifiesto, y más aún, su nula efectividad para implementar un plan, protocolo o como usted le guste llamar, que atienda estos eventos. A dos semanas del terremoto no hay cifras oficiales que den certeza sobre el número de personas afectadas y daños causados. Mientras tanto, informó la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda (Seduvi) que toda su base de datos se “cayó” (ahí se contenía la información geográfica para conocer los usos de suelo y los trámites realizados en lo referente a los predios en la Ciudad de México, también ahí estaba el listado de directores responsables de obra). ¿Realmente existía o se trata de ocultar responsables? ¿O simplemente se trata de una mera coincidencia?

Todo lo relacionado con permisos, las revisiones a construcciones y supervisión de obras, es un asunto pendiente de investigar a fondo. De nada sirve que se cuente con uno de los más avanzados reglamentos de construcción (producto del terremoto del ’85), si no se cumple. En este momento, para empezar es necesario una investigación que deslinde responsabilidades y en caso dado, castigar a los culpables de construcciones fraudulentas.

Para autorizar y supevisar construcciones y realizar reparaciones de casas y edificios ¿acaso no tendríamos que conocer, desde hace años, un atlas de riesgo?

Han empezado a salir las historias de sobrevivientes y de quienes ayudaron de una u otra forma a atender la urgencia, todas llenas de solidaridad, empatía y amor por la vida. El señor Mancera y Peña Nieto en sus diferentes declaraciones solidarias, han tenido muy poca, o nada, de credibilidad. La clase política y sus cúpulas partidistas, nos dejaron claro que no están -una vez más- a la altura de las urgencias y prioridades del pueblo; su “renuncia” al financiamiento para el 2018, corresponde a un interés electoral y no a un genuino entendimiento de su papel. Otra vez la simulación para sacar ganancias de grupo.

Se empieza a hablar de millones y millones para la reconstrucción, pero habrá que echar mano de otros más, que se encuentran en insultantes salarios y absurdos gastos o “prestaciones” a una clase privilegiada de políticos y funcionarios. Se tendrían que cancelar algunos gastos y financiamientos, y realizar algunas ventas para contar con los recursos necesarios. Por ejemplo:

– Pensión a expresidentes y funcionarios.

– Nuevo aeropuerto.

– Avión presidencial.

– Financiamiento a partidos.

– Financiamiento campañas electorales.

– Gastos presidenciales de promoción.

– Gastos publicidad de todos los gobiernos estatales e instituciones.

– Recorte de salarios a Secretarios de Estado, Diputados, Senadores, Gobernadores, Delegados, presidentes municipales, magistrados y funcionarios de primer y segundo nivel

– Gastos de choferes, guaruras, celulares, autos, gasolina, viáticos, compensaciones, bonos, etc.

– Gastos operación del INE (25 mil millones)

– Millones de pesos y bienes mal habidos que exgobernadores, políticos y funcionarios.

– Además de investigar fraudes de inmobiliarias, constructoras y la corrupción de servidores públicos.

Se ha formado un Fideicomiso en el que van a concentrar todos los fondos y donaciones para la reconstrucción, el cual está conformado por empresarios, mayoritariamente. ¿Son ellos los más indicados para la tarea que se requiere? Lo deseable era la creación de un Fideicomiso libre de políticos, instituciones gubernamentales y grupos de interés empresarial. Teniendo uno de los gobiernos más corruptos de la historia de México no es nada conveniente que ellos lo manejen.

Como en 1968, en 1985 y en 2012, este 2107 la ciudadanía se movilizó y respondió a la emergencia. En su gran mayoría mujeres y hombres jóvenes de todas las clases sociales. Desde las colonias populares se organizaron grupos para apoyar con víveres y herramientas. Se habla de un despertar ciudadano, lo cual no quiere decir que necesariamente vaya a desembocar en una organización que impacte en el curso político del país. El sistema político ha operado para controlar y manipular esta participación; los medios de comunicación al servicio del sistema han venido realizando su parte.

Esta participación solidaria podría llegar a crear organismos vecinales que tomen en sus manos el desarrollo de la ciudad, y con la experiencia generada en 1985, podría resultar un proceso que ponga a la ciudadanía como verdadero actor para definir su futuro. Hoy, siguen siendo las autoridades, la corrupción, las inmobiliarias y constructoras quienes definen el desarrollo de la ciudad con base a sus intereses. Este sistema lo permite y alimenta, es parte de su funcionamiento.

La inercia individualista se dejó de lado para dar paso al sentimiento solidario y comunitario, a la inercia de acción grupal, de ayuda humanitaria y construir un nosotros ante la ineptitud e indolencia gubernamental.

No habrá que permitir el regreso a la normalidad (como lo piden desde el gobierno), esa que nos viene aplastando con indiferencia, violencia, corrupción, desigualdades y las mentiras que nos dan como “democracia”. La reconstrucción ahora tiene que ser también la construcción de un nuevo sistema, un nuevo pacto social que atienda las necesidades y eleve la calidad de vida de la inmensa mayoría de nuestro país, teniendo como guía el respeto a los derechos humanos, la equidad y la justicia.

Lo que más ha resultado dañino a México, es el desastre económico y social provocado por este sistema y esta clase gobernante; esta “democracia” a modo, permisible, omisa y funcionando para la élite empresarial usurera, con la complicidad de la clase política, la tenemos que cambiar. La urgencia nacional está, desde hace décadas, en detener la venta y saqueo del país. La tragedia que se vive por los terremotos del 7 y 19 de septiembre, más los daños causados por los huracanes, se amplifica con la tragedia de estar -el país- en manos de un Narcoestado, corrupto, represor, inepto y cínico.

 

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