México damnificado (A bote pronto)

México damnificado (A bote pronto)

Alejandro Mosqueda Guadarrama

Camarógrafo, editor y documentalista

Facebook: Moga Aleko

 

 

 

 

 

México damnificado

 

 

 

Algunos dicen que una desgracia no llega sola, que más bien una llama a otra y a otra. Los huracanes, sumados al terremoto del jueves 7 septiembre, han creado situaciones de emergencia en varias partes, principalmente en los estados de Veracruz, Oaxaca y Chiapas.

Sobre esta emergencia humanitaria, la clase política, empezando por Peña y los gobernadores, así como funcionarios de diferentes niveles de gobierno y hasta burócratas de medio pelo, se han manifestado y no han perdido oportunidad para “montarse” y aprovechar reflectores para sacar provecho personal o de grupo.

Irónicamente, esta catástrofe le cae como anillo al dedo a este gobierno, para alardear una falsa solidaridad, compromiso y empatía. ¿Qué más oportuno un acontecimiento tan abrumador e impactante como lo que se ha vivido y generado en el ánimo nacional, para que gobernantes, funcionarios y políticos se levanten como “salvadores y sensibles” servidores públicos?

Su poca o nula empatía, sensatez e incluso madurez política, les ha llevado a ser tan torpes, fanfarrones y ofensivos con la gravedad de la situación y el dolor de las personas más afectadas. Con esta clase de “dirigentes”, lejos se puede ver una verdadera atención y calidad humana, sensible y afectiva como se requiere.

A cinco días del terrremoto aún no se tiene un censo oficial de los daños, pero sí un buen número de fotos y declaraciones oficiales que nos dicen que ya están actuando, en forma oportuna y eficiente… eso dicen. Por otra parte, la Cámara de Senadores, en un acto de solidadridad, tuvo la iniciativa de abrir una cuenta bancaria, invitando a la ciudadanía a realizar donaciones… las críticas y poca confianza se manifestaron por todas partes. La desconfianza sobre cómo se hará el manejo de la ayuda recaudada y del mismo dinero del Fondo para desastres (FONDEN), es grande, muy grande.

Antes de los huracanes y el terremoto, el país ha estado viviendo en forma permanente una especie de desangrado patrimonial, del cual son responsables la gran mayoría de la clase política y el mismo gobierno y sus instituciones.

La Estafa Maestra es una investigación que realizó Animal Político y Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad, que deja al descubierto, en forma clara y con datos concretos, el modus operandi de varias Secretarías del Gobierno Federal para realizar un mega fraude -con la participación/complicidad de seis universidades públicas-, de por lo menos 3 mil 433 millones de pesos de dinero público.

Este fraude no ha sido merecedor de comentario alguno por parte del Gobierno Federal: un silencio que no es casual o ¿acaso están armando su respuesta puntual a cada señalamiento que hace el reportaje? ¿Tal vez la emergencia por los desastres recientes en Veracruz, Oaxaca y Chiapas no les ha dado tiempo de enterarse de otra cosa? El silencio llega a la gran mayoría de los medios de comunicación nacionales, lo cual tampoco es casual: millones de pesos les llegan por diferentes vías, desde el Gobierno Federal y sus dependencias.

El más escandaloso fraude desde hace varias décadas, lo han tratado de ocultar entre miles de spots de Peña para su quinto informe, resaltando suspuestos avances y logros de su administración; los dimes y diretes de las cúpulas partidistas por el control de la Cámara de Diputados y la negociación del freno a la intención de imponer un Fiscal cómplice, un Fiscal tapadera; la insistente información sobre el Frente Ciudadano por México -que conforman PAN, PRD y MC-, colocándolo como la posibilidad para salvar al país. El Frente, me parece, se podría convertir -o ya lo es- en “la carta” que pueda manipular el PRI para tratar de llegar bien parado a las elecciones del 2018, que se le presentan muy complicadas para enfrentarlas solo.

La violencia sigue golpeando cualquier rincón del país, sin que autoridad alguna (muchas de ellas vinculadas a los grupos del crimen organizado) pueda ponerle un verdadero freno. La violencia desatada por el control de regiones y rutas para el trasiego de droga está fuera de control. Los daños al patrimonio y soberanía nacional no se detienen, gracias a las reformas estructurales y la complicidad de partidos y gran parte de empresarios y medios de comunicación.

Los desencuentros y acuerdos bajo la mesa de los partidos (no sólo para lo que se discute en la agenda nacional en lo inmediato, sino sobretodo para quedar “fuertes” ante el proceso del 2018) marcan el interés de la clase política, llevándose entre las patas al país, su economía y sus posibilidades de salir de la crisis, la cual a ellos no les afecta en lo más mínimo. Les interesa negociar una gubernatura, una posible impugnación de triunfo electoral, un señalamiento de enriquecimiento ilícito, la aprobación o no de alguna iniciativa, etc. Temblores y huracanes pueden seguir pasando encima de la población, ya ellos enviarán algunas donaciones y despensas.

México vive una situación de emergencia. Con esta clase de gobernantes y clase política, la población en su inmensa mayoría pareciera que está indefensa e impotente. El país está en una situación de tragedia, damnificado. Recién circula una lamentable imagen: cuerpos amortajados, decapitados con el típico sombrero para las fiestas patrias. Esto es México bajo el sistema actual.

Desde la sociedad civil se han manifestado algunas inicativas para detener esta situación. Sin embargo, sigue sin tener en sus manos un instrumento fuerte para darle vuelta a esta página que vive el país.

 

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