El TLCAN y la condescendencia de Donald Trump

El TLCAN y la condescendencia de Donald Trump

J. Jesús Esquivel

Corresponsal de la revista Proceso en Washington

@JJesusEsquivel

 

 

 

 

 

 

El TLCAN y la condescendencia de Donald Trump

 

 

Washington – Está todo listo para iniciar la primera etapa de renegociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), y es necesario que el gobierno de Enrique Peña Nieto rechace la condescendencia con la cual lo trata el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

La transcripción de la conversación telefónica que sostuvieron estos dos presidentes el pasado 27 de enero evidencia la pasividad con la que el gobierno mexicano claudica ante los caprichos de Trump. La plática develada por el periódico The Washington Post nos avergüenza porque Peña Nieto fue incapaz de poner en su lugar a su homólogo, ignorante de la realidad comercial.

Al momento de la conversación Trump tenía siete días de haber asumido la presidencia, Peña Nieto llevaba más de 4 años de mandato y casi un año de escuchar las amenazas de su homólogo sobre el TLCAN y sus necedades de imponer medidas unilaterales a las importaciones comerciales, violatorias, claro, de las leyes de comercio de su propio país.

A esa obsesión de Trump por querer imponer aranceles a las exportaciones de México,  por el simple hecho de aferrarse al cumplimiento de sus promesas de campaña electoral, Peña Nieto fue incapaz de anularla con respuestas apegadas a las leyes comerciales estadunidenses e internacionales.

Fue claro en la plática que Trump ignoraba que las renegociaciones del TLCAN y la imposición de tarifas arancelarias por capricho de campaña, violan las leyes de comercio aprobadas por el Capitolio.

El presidente de Estados Unidos fue incapaz de mencionar la ley del “fast track” (“vía rápida”) bajo la cual ahora está ajustada su obsesión de renegociación del TLCAN.

Por el periodo de 30 días que otorga a Trump la “vía rápida”, el Capitolio está imposibilitado a hacer enmiendas a las propuestas de la Casa Blanca para revisar el acuerdo firmado en 1994 con Canadá y México. Por la ley de la “vía rápida” arranca este 16 de agosto la primera etapa de renegociación del TLCAN.

Fue lamentable que Peña Nieto no contrarrestara con machacarle en la cara a Trump que sus imposiciones en materia comercial eran ilegales. Que van en contra de los principios de la ley de comercio de su país para negociar o renegociar compromisos de intercambio comercial a nivel internacional.

El colmo de los colmos fue que Trump le ordenara a Peña Nieto que fueran su yerno, Jared Kushner, por parte de Estados Unidos, y Luis Videgaray, secretario de Relaciones Exteriores de México, quienes no sólo estén a cargo de la relación bilateral sino hasta de las renegociaciones comerciales.

Ni Kushner es el representante comercial de la Casa Blanca, ni Videgaray el secretario de Economía de México.

Los que encabezarán las renegociaciones del TLCAN son Robert Litghtizer, por parte de la Casa Blanca, e Idelfonso Guajardo, secretario de Economía, por  México.

No entiendo por qué Peña Nieto no se lo hizo notar a Trump.

De haberlo hecho no solo hubiera dado una lección al presidente de Estados Unidos sobre comercio y las leyes de su país al respecto, sino que hasta lo hubiese expuesto como ignorante.

El hubiera no existe, como tampoco se le pueden pedir peras al olmo. No nos queda más que rezar por lo que se vendrá con el TLCAN, y más cuando por encima de los intereses de la nación, a Peña Nieto lo que más le importa para el 2018, es que uno de sus correligionarios quede como candidato presidencial del PRI.

Del 16 al 20 de agosto se realizará en Washington la primera etapa de la renegociación del TLCAN, mientras que las fallas y hasta los aciertos de México en la mesa de discusión ante las imposiciones de Trump, las sentiremos de por vida.

 

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