La nave de la imaginación en la Comic-Con de San Diego

La nave de la imaginación en la Comic-Con de San Diego

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Martín Arceo
Conductor de Santos Cómics y columnista en La Jornada

La Comic-Con de San Diego (SDCC, por sus siglas en inglés) es la fiesta de la cultura pop más grande del planeta Tierra: los 240 mil metros cuadrados el Centro de Convenciones de esa ciudad ya no alcanzan para alojarla, y las siete sedes alternas, así como las actividades en torno al recinto frente a la bahía y en el Gaslight Quarter –parte del Centro Histórico sandieguino—, muy apenas se dan abasto para recibir a los 135 mil visitantes que participaron con boleto en los cuatro días de trabajo.

Desde que surgió el proyecto de acudir, le indiqué a Ernesto Ledesma –intrépido, valiente director rompeviento.tv— que un ejército de comunicadores sería incapaz de cubrir hasta el último recoveco del evento. En lugar de desanimarlo, reforzó su certeza de que al lado de Luis Enrique Cortez podríamos ofrecer una cobertura panorámica de cuanto sucede en los cuatro días que dura la SDCC, misma que ofrece una “noche previa” los miércoles anteriores a las tareas formales, más bien dedicada a vendimia.

Luego de viajar a Tijuana y ser recibidos por Patricia Mayer Ochoa, incansable activista por la educación de la comunidad latina, aliada invaluable de rompeviento.tv, Luis y yo nos dirigimos a acreditarnos a la SDCC. El trámite fue rápido y amable, muy al contrario de eventos mexicanos donde la prensa es vista como poco menos que gorrones.

Fue la primera SDCC que Luis cubría. Lejos de apabullarse ante la ciclópea magnitud del evento, armado puntualmente con cámaras de video y foto fija, Luis sumergió con arrojo a la empresa de tomar aspectos del maremágnum de visitantes disfrazados y en ropa de paisano, de profesionales del cómic, del cine y la televisión, de familias enteras que buscaban diversión e información sobre sus entretenimientos favoritos, lo mismo de videojuegos y juegos de mesa que de juguetes e ilustración.

Y a caminar de un stand a otro, auscultando el entorno, en busca de la mejor toma, de la bonita entrevista, de cubrir las conferencias sobre historieta mexicana y producida por la comunidad chicana; la charla del inconmensurable John Lewis, promotor de la integración racial, el último orador que queda vivo de quienes participaron en la Marcha en Washington por el Trabajo y la Libertad del 28 de agosto de 1963, cuando Martin Luther King Jr. pronunció su discurso Tengo un sueño…. Lewis estuvo como parte del equipo que realizó su biografía en cómic llamada March (“Marcha”), ganador del premio Inkpot (“Tintero”) que la SDCC le otorgó como la mejor historieta de 2017 basada en hechos reales.

Desde un inicio Luis y yo decidimos que omitiríamos la cobertura de los eventos de cine y televisión ofrecidos en el Salón H del Centro de Convenciones, con capacidad para 6 mil 500 personas que hicieron fila día y noche para ingresar sin saber qué verían en el interior. Es una lotería a la que uno entra con la certeza de que verá antes que nadie el corto, la charla con los actores, la presentación especial de la película o del programa de televisión inspirado en cómics.

Nos iríamos a la parte humana, a la perspectiva del hijo de vecino que tiene la oportunidad de vivir, respirar, nadar entre historietas, la de gente como uno que pudo conseguir uno de los 135 mil boletos agotados en dos horas desde abril previo al evento.

Fuimos testigos del repudio general, de público y creadores, a la administración que encabeza Donald Trump, a quien no bajan de payaso y al que se refieren como El Monstruo Naranja.

En la SDCC todo es filas, bajo la consigna de que cualquiera con la paciencia de esperar tiene derecho a acceder a los eventos. No hay privilegios especiales. Todos a esperar la oportunidad de ver, de recibir el autógrafo, de comprar el muñeco que sólo se vendió en el evento.

La SDCC convierte al Centro de San Diego es una fiesta. Los bicitaxis atendidos en su mayoría por jóvenes de origen centroeuropeo estaban decorados con patrocinios de televisoras que promovían desde la saga Juego de Tronos hasta la próxima serie de ciencia ficción Star Trek: Discovery. Mareas de seres humanos salen y entran del Centro de Convenciones.

Los eventos no cesan de la mañana a la noche. Mientras entrevistábamos a los regiomontanos Salvador Mudo Martínez –promotor del cómic y de cerveceros que él llama independientes, pues desprecia el término “artesanal”— y Carlos García Campillo –el primer mexicano que hizo un fanzine (revista independiente, sin verdaderos fines de lucro) sobre historieta, cuando tenía 16 años, hoy coordinador de la Cineteca de Monterrey—, ante nosotros se realizaba en la bahía de San Diego un funeral vikingo con todo y un barco al que se le prendió fuego, bajo la supervisión de la Marina estadunidense y de los bomberos de San Diego. Al ladito había una feria con tema del inteligente, profano programa de dibujos animados de ciencia ficción Rick y Morty.

Entrevistamos a historietistas consagrados como Dan Jurgens (quien participó en la clásica Muerte de Superman) y Len Wein, creador de personajes entrañables como los mutantes Wolverine, Tormenta y Coloso; a dibujantes de Nueva Zelanda, Chile y Argentina. A representantes de la nueva historieta chicana, a promotores de la lectura por medio del cómic. A los geniales ilustradores mexicanos Humberto Ramos y Gerardo Sandoval, tan llenos de proyectos que no han podido acudir al estudio de rompeviento.tv.

Luis y yo nos sumergimos en un océano de creatividad, con el compromiso de presentar a los televidentes de rompeviento.tv la experiencia de estar ahí. Por favor hágannos pedazos, critíquennos, que sólo así podremos ofrecerles una mejor cobertura en años venideros. Pronto les compartiremos nuestra experiencia, que pretendemos hacer propiedad de ustedes.

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