Con todo y miedo

Con todo y miedo

Claudia Soriano Segoviano. Psicoterapeuta Gestalt y Psicocorporal

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Con todo y miedo

 

“Para quien tiene miedo, todo son ruidos.”

 Sófocles

 

El miedo es una emoción básica y primaria en los seres humanos que ha estado presente en todas las culturas. Se podría decir que es una emoción desagradable pues nos hace sentir mal (aunque no negativa, pues sentir emociones siempre es positivo sean las que sean). Cuando sentimos miedo también nos sentimos indefensos, así que lo que normalmente hacemos cuando sentimos miedo es retirarnos, renunciar, evadir. El miedo es una respuesta natural ante el peligro; una sensación desagradable que atraviesa el cuerpo y la mente.

 

Sin embargo, el miedo bien entendido es una emoción saludable y necesaria ya que es un mecanismo de defensa, que se activa ante el peligro y nos permite responder con mayor rapidez y eficacia ante las adversidades. Fue aprendido por los primeros habitantes de la tierra y forma parte de la capacidad adaptativa de los seres humanos.

 

¿Cómo afecta el miedo al cuerpo?

 

La manifestación fisiológica del miedo se da en nuestro cerebro, concretamente en el cerebro reptiliano y en el cerebro límbico. Ocurre debido a que nuestro cerebro está todo el tiempo escaneando a través de los sentidos lo que sucede alrededor de nosotros, incluso mientras dormimos. Si en algún momento nuestro cerebro detecta un peligro, se activa la amígdala cerebral que está situada en el lóbulo temporal, y entonces se producen cambios físicos inmediatos que pueden favorecer el enfrentamiento, la parálisis o la huida.

 

Los mecanismos corporales ante el miedo son los siguientes:

 

-El corazón bombea sangre a gran velocidad para llevar hormonas a las células, especialmente adrenalina.

-Aumenta la presión arterial, la glucosa en sangre, la actividad cerebral y la coagulación sanguínea.

-Se detiene el sistema inmunitario, al igual que toda función no esencial.

-Se dilatan las pupilas para facilitar la admisión de luz.

-La sangre fluye a los músculos mayores, especialmente a las extremidades inferiores.

 –El sistema límbico fija su atención en el objeto amenazante y los lóbulos frontales –encargados de cambiar la atención consciente de una cosa a otra– se desactivan parcialmente.

 

Si lo que experimentamos es un miedo intenso o un trauma, éste queda fijado en la memoria con mayor intensidad. Esto tiene una lógica evolutiva: lo que daña se fija con mayor fuerza que aquello que da placer, porque resulta más adaptativo, es decir más útil. Por ejemplo, basta quemarnos una vez con fuego, para que no volvamos a acercar sin tener cuidado cualquier parte de nuestro cuerpo sobre una llama. Si alguien se olvidara inconscientemente de esto, se quemaría día tras día.

 

El miedo del que hasta ahora he escrito, guarda relación con el mundo real. Pero también existe el miedo imaginario que no tiene correspondencia con el peligro. Este tipo de miedo nos hace dudar de nuestras capacidades y habilidades, y agranda nuestros problemas.

 

Para poder afrontar y superar este tipo de miedo, como primera medida hay que reconocerlo y aceptarlo, para posteriormente trabajar en erradicarlo. Es un impulso interior que busca defendernos de un peligro irreal que la mente se esfuerza en creer.

 

Cuando en terapia las personas me hablan de no poder hacer algo que quieren hacer por el miedo que sienten, yo generalmente les invito a hacer eso que quieren hacer con todo y el miedo que están sintiendo. No podemos esperar a dejar de sentir miedo para hacer las cosas, y tampoco ignorar que lo sentimos. Al hacer algo con todo y el miedo que esa acción pueda generarnos, nos damos cuenta de que la gran mayoría de nuestros miedos son mucho más grandes en el imaginario que en la realidad, y entonces redimensionamos, le damos al miedo su justo lugar y tamaño y además recuperamos confianza.

 

Sin embargo, si ante un miedo imaginario que te paraliza y no te permite vivir tu vida de la forma que en realidad deseas, y del cual no logras desprenderte, el mejor camino es siempre consultar a un profesional de la salud mental, quien podrá acompañarte para ayudarte a desactivar esas falsas alarmas.

 

¿Cuál sería la diferencia si en lugar de sufrir esperando un mal, empiezas a esperar cosas buenas y positivas de la vida?

 

¿Reconoces ese tipo de miedo imaginario en tu vida? ¿Consideras que no puedes resolverlo? Entonces, si necesitas hablar de ello y deseas superarlo, te invito a que me mandes un whatsapp al 5522558551 para hacer una cita y trabajar en ello.

 

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