Ni con balas podrán callarnos

Ni con balas podrán callarnos

J. Jesús Esquivel

Corresponsal de la revista Proceso en Washington

@JJesusEsquivel

 

 

Ni con balas podrán callarnos

 

Washington – El cobarde asesinato de Javier Valdez Cárdenas, en Culiacán, Sinaloa, una vez más exhibe nuestra circunstancia, nos coloca como una sociedad impotente frente a la criminalidad que pretende censurar a la prensa. Javier, escritor y corresponsal de La Jornada en Sinaloa, fundador de Ríodoce, con sus libros y con su reporteo en las calles, nos ayudó a entender un poco más el gran poder que tiene el narcotráfico.

 

Su trabajo, como el de tantos otros colegas, desnudó a los narcotraficantes que se sienten dueños de nuestras vidas y del país. Esos criminales son desalmados y benévolos con los gobernantes a quienes controlan con dinero.

 

Es imposible que Enrique Peña Nieto pueda desmentir la realidad y el hecho de que México sea la segunda nación más violenta en el mundo. La muerte de Javier se lo corrobora, se lo grita en la cara al presidente, que apenas emite un mensaje de 140 caracteres en Twitter frente esta clase de crímenes.

 

Al gremio del periodismo nos duelen todos los colegas que han sido asesinados y cuyos casos siguen sin resolverse.

 

Ya nos acostumbramos a la inutilidad del gobierno federal para proteger a sus ciudadanos de los criminales que tienen aterrorizada a toda la nación. Esta claro que no nos van a callar y ahora menos. Sospechamos de todos, de los criminales y del contubernio que tienen con las propias autoridades mexicanas, capaces de eliminar a quien sea en total impunidad.

 

México es un Estado fallido. Un país en la indefensión.

 

Sin informadores como Javier, México corre el riesgo de hundirse más en la anarquía. Ya no queremos muertos, nadie quiere más sangre ni más violencia. A Peña Nieto le incomoda que su gobierno sea señalado por el mundo entero como el principal responsable de la caótica situación de inseguridad que se vive en el país, pero no hace algo para corregirlo.

 

Este sexenio de la corrupción y la sangre, se convirtió en una pesadilla.

 

El gobierno nunca podrá callar a la prensa. Le vamos a llorar a Javier, pero deshonraríamos su memoria si dejamos de hacer lo que él nos enseñó. Los criminales nos intimidan con crímenes como el asesinato de Javier, más no nos doblegan ni someten.

 

Si Peña Nieto no puede contener la violencia, nosotros la seguiremos denunciando y condenando desde nuestra trinchera.

 

No nos van a callar ni con balas. Se los advierto.

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