La narcocorrupción lo puede todo

La narcocorrupción lo puede todo

J. Jesús Esquivel

Corresponsal de la revista Proceso en Washington

@JJesusEsquivel

 

 

 

 

La narcocorrupción lo puede todo

 

Washington – Las dos fugas, y en especial la última, de Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera, por poner solo un ejemplo, evidenciaron el altísimo nivel de corrupción que priva entre las autoridades a cargo de las prisiones de alta seguridad que existen en el país.

Desde la época de Rafael Caro Quintero, Ernesto Fonseca Carrillo y Miguel Ángel Félix Gallardo, en México quedó demostrado y evidenciado que los narcotraficantes cuando caen en prisión se convierten en los patrones de las autoridades carcelarias.

Los narcos, desde Caro Quintero hasta “El Chapo” Guzmán, han vivido en las cárceles de alta seguridad como reyes. Con los millones de dólares que les deja el trasiego de drogas llenan sus celdas de comodidades y de lujos. Las cárceles de alta seguridad con capos poderosos del narcotráfico se transforman en tugurios y prostíbulos. La narcocorrupción lo puede todo. Sin embargo, lo más grave, vergonzoso y humillante de este flagelo es que desde prisión los narcotraficantes sigan operando como si estuvieran libres. Orquestan el tráfico de drogas, el pago de nóminas a funcionarios y policías corruptos y la ejecución de personas.

En el Condado de Fremont, en Florence, Colorado, se encuentra la Penitenciaria Federal de Súper Máxima Seguridad de Estados Unidos, conocida como la ADMAX, Supermax o el Alcatraz de los Rockies. A esta exclusiva cárcel llegan los criminales considerados como los de mayor peligrosidad. Tiene una capacidad máxima para 410 delincuentes distribuidos en seis niveles de seguridad. Los prisioneros que llegan a ADMAX comparten un denominador común, que la única manera de escapar es con los pies por delante. Los criminales llevados a ADMAX están sentenciados a por lo menos una cadena perpetua y, por ende, la Penitenciaria Federal será su casa hasta el día de su muerte.

De entre los criminales más famosos que se encuentran en ADMAX destacan el narcotraficante mexico-estadunidense Juan García Ábrego, fundador del Cártel del Golfo; Ramzi Yousef, autor intelectual del ataque en 1993 al World Trade Center en Nueva York; y Robert Hanssen, el agente del FBI sentenciado a cadena perpetua por pasar información clasificada a Rusia. Con respecto a los reos más notorios que han salido de ADMAX con los pies por delante, se cuenta a Ted Kaczynski, “el unabomber”; y a Charles Voyde Harrelson, padre del actor Woody Harrelson.

En ADMAX, los presos más peligrosos salen una de las 24 horas del día al patio de la prisión y uno por uno, sin jamás ver a su vecinos de celda. Tienen prohibidas las visitas conyugales, las televisiones, radios y comunicaciones telefónicas. A sus familiares los reciben una vez al mes o, si prefieren, se pueden comunicar con ellos por medio del servicio postal. Se puede decir que los presos de ADMAX están muertos en vida.

Debido a las condiciones a las que son sujetos los criminales encerrados en el Alcatraz de los Rockies, los narcotraficantes de cualquier país, pero en especial los de Colombia y México, temen ser extraditados a Estados Unidos. “El Chapo” Guzmán podría ser la próxima celebridad del crimen organizado recluido en ADMAX.

En México, como lo mostró esta semana el periodista Carlos Puig en su programa de Milenio Televisión, los narcotraficantes son amos y señores de las cárceles de alta seguridad.

Con horror, más no con sorpresa, vimos como José Luis Gutiérrez Valencia, “Don Chelo”, y uno de los líderes del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), organizó dentro del penal de Puente Grande, en Jalisco, del cual se escapó “El Chapo” la primera vez, una megafiesta con bandas de música, tragos, mujeres y todo lo que incluye una bacanal al más puro estilo tradicional de los narcos.

El guateque de “Don Chelo”, que incluyó vivas al CJNG como si fuera un equipo de futbol y no un peligrosísimo grupo del crimen organizado, nos recuerda solo una cosa, que por la corrupción tenemos a un México donde nunca pasa nada.

 

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