Cena con chocolate amargo (A bote pronto)

Cena con chocolate amargo (A bote pronto)

Alejandro Mosqueda Guadarrama

Camarógrafo, editor y documentalista

Facebook: Moga Aleko

 

 

 

 

Cena con chocolate amargo

Para lograr una paz duradera en todo el mundo debemos continuar desarrollando nuestra amistad y colaboración con todos los países hermanos del campo socialista y reforzar nuestra unidad con todos los países amantes de la paz. Tenemos que esforzarnos por establecer relaciones diplomáticas normales, sobre la base del respeto recíproco a la integridad territorial y a la soberanía de la igualdad de derechos y del provecho mutuo, con todos los países que deseen vivir en paz con nosotros.

Presidente Mao Tse-Tung, septiembre de 1956.

 

Es llamado “el gigante asiático”, es el país más grande y poblado del mundo, es China la que levanta su voz ante los pasos hacia una posible guerra de pronóstico reservado. No es por un espíritu pacifista, confuciano o por algún aprecio a la doctrina de Gandhi; China trata de alertar e incluso, sin mencionarlo abiertamente, amenazar con intervenir militarmente también. La lógica de la geopolítica es la guía del rumbo de las potencias de cualquier tamaño; esta lógica, Estados Unidos la pone en práctica -de todas las formas posibles- los 365 días del año, en todos los campos de la política económica o en nombre de la libertad y la democracia, en cualquier parte del mundo.

China vivió, como muchos países, la intervención, la ocupación, y fue tratada como el patio de las fiestas y desmanes extranjeros. Los chinos saben bien cómo se sobrevive y se sufre bajo condiciones que son impuestas por un gobierno extranjero. Largo fue el camino para lograr su total independencia. La historia de China nos deja ver cómo pasó de ser una nación muy pobre a ser una potencia mundial. Ahora, se mueve también con la lógica de la geopolítica y el peso de su fortaleza económica.

Después del triunfo de la revolución popular con Mao Tse Tung al frente, en 1954, y que se asume comunista, las relaciones con los EE.UU. entraron a un túnel obscuro y frío, hasta que finalmente el presidente Richard Nixon viaja a Pekín y es recibido por Tse-Tung el 21 de febrero de 1972. Así, se daban la mano dos grandes potencias, antagónicas, que habían alimentado su desconfianza por mucho tiempo. Y, es justo mencionar, motivos no les faltaban.

El actual primer ministro chino, el señor Xi Jinping, era un hombre muy joven en 1972, cuando su país recibía por primera vez a un presidente norteamericano. Xi Jinping aún no figuraba en lo mínimo en la política china, era un joven trabajador y para nada se imaginaba que algún día sería él, representando a su país, quien devolvería la visita, reuniéndose en Palm Beach con el estridente y torpe presidente Trump, abriendo una nueva era en las relaciones entre estas dos potencias.

El primer ministro chino no imaginaba que estando en suelo norteamericano, reunido con Trump el pasado 5 de abril, le tocaría uno de los más delicados momentos de tensión bélica mundial. El postre de la cena, parecía ser el ataque brutal a los sirios.

Las grandes derrotas militares de los EE.UU. en las guerras de Corea y Vietnam (a mitad del siglo XX), se gestaron en gran medida por la participación de China. La postura china hoy está del lado de Siria y, ante las amenazas gringas, refrenda su apoyo a Corea del Norte, punto estratégico en la geopolítica en Asia.

El señor Trump decidió recibir al presidente chino en una de sus lujosas mansiones de Florida y agasajarlo con una cena, incluido un postre de chocolate: la cena entre Trump y Xi Jinping, en Palm Beach, se realizaba mientras la orden del presidente norteamericano de atacar Siria con 59 misiles Tomahawk, se llevaba a cabo. Con esa noticia Xi Jinping cerraba la cena. ¿Qué pretendía Trump al sincronizar la hora del ataque, estando al lado del presidente chino, siendo su anfitrión?

La portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Hua Chunying, hacía un llamado a la cordura para evitar una confrontación que -seguramente- llevaría a un conflicto bélico donde China intervendría. Hua Chunying declaró: “Instamos a las partes interesadas a la moderación y creemos que no hay que darse por vencidos para encontrar una solución política a esta crisis”. Por lo menos, la cordura diplomática la mantenía Xi Jinping en suelo estadounidense.

Por un lado, se podría pensar que EE.UU., vía operadores de Trump, estaría fortaleciendo un acercamiento aRusia-Putin, pero sabiendo del apoyo de Rusia al gobierno sirio el ataque nos dice otra cosa. Buscar el acercamiento con China, para generar un distanciamiento de ésta con los rusos, el ataque tampoco ayuda a ese objetivo. O simplemente -y en forma brutal y directa- hacer una amenaza a ambos para que se ajusten a los intereses norteamericanos, con esa demostración de fuerza militar, sin mediación o consideración alguna de opiniones de rusos y chinos.

Por otra parte, bien puede ser también un mensaje a Corea del Norte y a su aliada, la República Popular de China, para que los primeros desistan de su ampliación de armamento nuclear y el despliegue -chino- de su sistema de defensa de gran altura en la península coreana. La agenda del encuentro entre Trump y Xi Jinping podría dar pistas para entender la acción sincronizada. La agenda no sólo se quedó en temas económicos, estaban los políticos y los militares, sobre todo respecto a Corea del Norte.

Los chinos no esperaban -me imagino- que su anfitrión tuviera una forma nada diplomática para establecer un preámbulo de ese calado, antes de sentarse a la mesa de diálogo. Los caminos al desencuentro o a posibles acuerdos -en política internacional- tienen a veces formas muy extrañas y, en muchos casos, en extremo brutales.

Corea del Norte ha venido realizando pruebas de su armamento nuclear, generando reacciones de varios países, particularmente de los EE.UU. Las declaraciones de uno y otro país han venido subiendo de tono, al grado de hablar de “estar preparados para la guerra”. Los militares norteamericanos han movido sus piezas: emplazamientos de naves marítimas cargadas de grandes cantidades de aviones y bombas, a la zona del mar de Corea.

Al gobierno chino le ha tocado hacer malabares diplomáticos, por un lado, y en corto, con su contraparte norcoreana (con quien al parecer se ha desgastado su buena relación), para que deje de hacer sus pruebas nucleares; por otro lado, con la comunidad internacional, particularmente con los norteamericanos, con los cuales quiere establecer una relación más suave y lejos de confrontaciones. Los chinos no están dispuestos a apoyar en forma incondicional al gobierno norcoreano en sus desplantes bélicos y de confrontación con los EE.UU., pero tampoco quieren ponerse del lado norteamericano para condenar y, en su caso, aprobar un ataque a Corea del Norte.

El gobierno chino ha declarado que se tiene que avanzar en la desnuclearización del mundo y esto incluye la península de Corea. Hasta ahora a los norcoreanos no les importa mucho –eso parece- la posición china, ahondando así el distanciamiento con Pekín.

Los rusos, cautelosamente, se toman un vodka mientras sigilosamente piensan su posible movimiento en esto de la estrategia geopolítica. Los demás, mortales comunes y corrientes, la población mundial, seguimos corriendo el riesgo de padecer una guerra donde no tenemos el mínimo de poder para detenerla, y en la cual todos saldríamos perdiendo terriblemente.

 

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