Mexiquenses (Margensur)

Mexiquenses (Margensur)

Alejandro Saldaña Rosas
Sociólogo. Profesor Investigador de la Universidad Veracruzana
Twitter: @alesal3 / Facebook: Compa Saldaña

 

 

 

 

Mexiquenses

 

Un político pobre es un pobre político.

Carlos Hank González

 

El estado de México destaca en el escenario nacional por los feminicidios (casi uno al día, de los que se sabe), los estallidos de pueblos enteros (como Tultepec), la especulación inmobiliaria (Huixquilucan es la joya pero hay muchos tesoritos), la depredación ambiental (por ejemplo en el Nevado de Toluca) o la delincuencia organizada y desorganizada: 45% de los mexiquenses fueron víctimas de algún delito en 2015 (http://expansion.mx/nacional/2016/09/27/45-de-cada-100-mexiquenses-fueron-victimas-del-delito-en-2015). Es la segunda economía del país (superada sólo por la Ciudad de México), la entidad más poblada (más de 16 millones de personas) y el padrón electoral más grande: poco más de 11 millones de votantes potenciales.

            Asimismo los mexiquenses destacan y con mucho por la defensa del territorio y los derechos de pueblos y comunidades: el Frente de Pueblos Indígenas en Defensa de la Madre Tierra de Xochicuautla y el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra de San Salvador Atenco, son los más visibles, que no los únicos movimientos sociales en el estado de México. En la entidad también han habido importantes experiencias de organización sindical independiente y huelgas históricas, como las de Spicer (120 días en huelga), Duramil y Morganite en los años setenta en el cinturón industrial de Naucalpan o la de Ford en Cuauhtitlán de 1989 (reprimida con saña por golpeadores de la CTM). Hay también una larga tradición de organización y lucha del movimiento urbano popular mexiquense en Nezahualcóyotl, Chimalhuacán, Chalco e Iztapaluca, por citar los más conocidos del oriente de la entidad. En pocas palabras: las y los mexiquenses son mujeres y hombres de trabajo, organización y lucha.

            En el estado de México ha surgido uno de los grupos político-mafiosos más poderosos en México: el Grupo Atlacomulco, que controla la entidad desde hace cincuenta años y que hoy, en 2017, está en riesgo de perder el control del estado por la vía electoral. Su candidato, el pelmazo Alfredo del Mazo, no levanta ningún entusiasmo ni con el ilegal y cínico apoyo del gobierno federal.

            El llamado Grupo Atlacomulco fue fundado por Isidro Fabela allá por los años cuarenta del siglo pasado, si bien adquirió mayor fuerza con Carlos Hank González, quien no siendo oriundo de esa localidad (nació en Santiago Tianguistenco, a unos 100 kilómetros de Atlacomulco), fue conspicuo representante de la red de complicidades, tráfico de influencias, corrupción e impunidad que ha sido el sino del poderoso grupo mexiquense. La trayectoria sociopolítica y económica de Carlos Hank González ilustra con precisión las “bondades” del grupo para con los suyos: de modesto profesor de primaria a presidente municipal de Toluca (1955), gobernador del estado (1969-1975), jefe del Departamento del Distrito Federal en 1976 (con “El Negro” Durazo como su jefe de la policía capitalina), secretario de Estado con Salinas de Gortari (Turismo en 1988, Agricultura en 1990). Inhabilitado legalmente para acceder a la presidencia de la República al ser hijo de un inmigrante alemán, incursionó en diversos negocios al punto de ser el arquetipo del político-empresario que construye su inmensa fortuna al amparo del poder político. El profe Carlos Hank González acuñó la frase que define con nitidez al Grupo Atlacomulco: “un político pobre es un pobre político”.

            En efecto, los integrantes formales e informales del Grupo Atlacomulco a lo largo de muchas décadas han hecho del servicio público una fuente inagotable de recursos para su propio enriquecimiento. Adjudicación de obras sin concurso ni licitación, o bien con concursos amañados, desvío de recursos, simulación de obras, sobreprecio en los costos de obras y servicios, pago de “derecho de piso”, son algunas de las muchas formas en que los servidores públicos mexiquenses se han vuelto insultantemente ricos. La corrupción está en el ADN del Grupo Atlacomulco, al punto de que inclusive dan por hecho que arribar a un cargo público (por elección o nombramiento) es equivalente a un rápido enriquecimiento. Y el que no quiera enriquecerse ilegalmente no puede formar parte del grupo. Es una mafia, funciona con los mismos códigos y procedimientos que la mafia. Para ellos es normal, y hasta natural, utilizar a las instituciones públicas en beneficio propio. Está en su ADN, no lo pueden evitar. Tampoco pueden cambiar. Su origen y destino es la corrupción: la llevan en el tuétano.

            A este brutalmente corrupto grupo de mexiquenses pertenece Enrique Peña Nieto, al igual que su primo Alfredo del Mazo, el candidato del PRI al gobierno del estado de México. Por supuesto que la corrupción no es rasgo exclusivo del Grupo Atlacomulco (miremos nomás al Veracruz de Fidel Herrera y Javier Duarte), pero desde luego que los mexiquenses se han destacado por su ambición, su cinismo y sobre todo por su impunidad. Muchos años de atracos a las arcas públicas a nivel municipal, estatal y federal y ninguno de los miembros de tan nefando grupo ha sido encarcelado. Y mire usted que la lista es larga y aterradora: Carlos Hank González, Alfredo del Mazo Vélez, Alfredo del Mazo González (abuelo y padre del actual candidato), Arturo Montiel Rojas, Enrique Peña Nieto y un largo etcétera de funcionarios mexiquenses que se han enriquecido a la sombra del poder político. Sombra que, por cierto, ahora se proyecta desde Los Pinos.

            Los mexiquenses del Grupo Atlacomulco arribaron a Los Pinos de la mano de uno de sus más insignes y lerdos representantes: Peña Nieto. Con la corrupción en su médula, era imposible que sus descomunales fortunas no salieran a la luz, o al menos que asomaran el copete, digamos. Así, la Casa Blanca de Peña, la de Malinalco de Videgaray, los contratos fraudulentamente asignados a OHL, el desfalco de 2 mil millones de pesos en Banobras (dirigido por Del Mazo) y el reciente escándalo de corrupción de Odebrecht que pagó 5 millones de dólares en sobornos a Emilio Lozoya, exdirector de Pemex designado por Peña Nieto, son apenas la punta de la madeja de una bola inmensa de corrupción. Inmensa, inimaginable incluso. Corrupción que atraviesa a todo el “sistema político mexicano”, incluidos partidos, funcionarios de todos niveles y los tres poderes, jueces, ministerios públicos, Ejército, Marina, policías, etc.

            Los mexiquenses del Grupo Atlacomulco al arribar a la máxima instancia del poder político en México –la Presidencia de la República- paradójicamente están en riesgo de perder, por primera vez, su coto de poder: el estado de México. La candidatura de la maestra Delfina Gómez, abanderada de MORENA, está levantando enormes expectativas en la entidad al lograr articular a movimientos sociales, líderes locales, estudiantes, maestros, amas de casa, profesionistas, empresarios, ciudadanas y ciudadanos hartos de tantos años de robos, inseguridad, violencia, despojo. Al parecer, la maestra Delfina ha logrado que en torno a su candidatura haya apoyo de viejos líderes sindicales, de nuevos dirigentes agrarios, de experimentados dirigentes populares. La enraizada historia de lucha y rebeldía de los mexiquenses estaría organizándose en torno a la candidatura de la maestra Delfina.

            Una maestra puede terminar con la mafia consolidada por un profesor, linda historia que pone muy nerviosos a los capos del Grupo Atlacomulco.

            La maestra Delfina compite contra tres adversarios: i) Josefina Vázquez Mota (quien ha hecho de las derrotas electorales un gran negocio); ii) Alfredo del Mazo Maza (quien arrastra el lastre de su primo, el peor presidente en la historia de México) y; iii) el gobierno federal. Ante la complaciente y cómplice mirada del INE y la FEPADE, el gobierno de Peña Nieto es un ilegal participante en el proceso electoral mexiquense a través del desvío de recursos (se habla de más de 40 mmdp), la promoción mediante spots de obras y servicios, condicionamiento de entrega de recursos federales, entre muchas otras. Vamos, el mismo Peña Nieto ha intensificado sus giras por la entidad, lo que a decir verdad equivale a darse un tiro en el pie. ¡No me ayudes compadre! Diría Alfredo por el “apoyo” brindado por su repudiado primo.

            Los mexiquenses enriquecidos a la sombra de Los Pinos y del poder político en el estado de México no van a ceder “la plaza” (para decirlo en el argot mafioso que les es afín) sin pelear a dentelladas. Ante el craso fracaso de su soso candidato Alfredo del Mazo Maza, ante la insuficiencia de los recursos ilegalmente volcados en la entidad, ante la rebeldía de los mexiquenses del campo y la ciudad, ante millones de ciudadanos que están hasta la madre de ellos, los gánsteres del Grupo Atlacomulco –con Peña a la cabeza- se han visto obligados a recurrir a medidas extremas. Las detenciones de Tomás Yarrington y Javier Duarte son medidas extremas: el sacrificio de dos insignes integrantes de la corruptocracia para intentar salvaguardar a la estirpe entera.

            En el momento de escribir este texto me enteré de la “detención” de Javier Duarte, exgobernador de Veracruz, estado en el que vivo. Me alegré, por supuesto, pero el tufo a pacto apesta tanto que no me creo nada que se impartirá justicia. Sobre el tema mi próxima entrega.

 

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