Ponerse “en los zapatos” del otro

Ponerse “en los zapatos” del otro

Claudia Soriano Segoviano. Psicoterapeuta Gestalt y Psicocorporal

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Ponerse “en los zapatos” del otro

 

“La capacidad de colocarse en el lugar del otro es una de las funciones más importantes de la inteligencia. Demuestra el grado de madurez del ser humano”.

Augusto Cury, psiquiatra y escritor brasileño.

La palabra empatía proviene del griego “empátheia”, que significa “emocionado”; recibe también el nombre de inteligencia interpersonal (término aportado por Howard Gardner, psicólogo, investigador y profesor de Harvard), y se refiere a la habilidad cognoscitiva y emocional de una persona para comprender el universo emocional de otra. El término de empatía fue empleado por primera vez en los años veinte por el psicólogo británico Edward Titchener.

Recuerdo que hace muchos años, cuando empecé a dar psicoterapia, acostumbraba poner una especie de barrera entre mi paciente y yo, para que sus emociones no me “tocaran” y poder de esa manera conservar mi objetividad y racionalidad, y emplear a cabalidad mis herramientas y conocimientos teóricos aprendidos.

Pasado algún tiempo, en una sesión terapéutica, me permití (sin darme cuenta) tocar a mi paciente y entonces en ese momento pude decirle: entiendo perfectamente de lo que me hablas. Me dejé sentir a la otra persona y comprendí que yo también sentía, que había pasado por ahí y que por lo tanto mi comprensión del otro se ampliaba. Colocarte frente a una persona con aceptación incondicional, empatía y sin juicio, abre una puerta que permite que surja la confianza y entonces las transformaciones se dan de una manera amorosa, rápida y suave.

Los grupos de personas que se conforman por haber vivido experiencias similares funcionan precisamente por eso, porque sabemos (no solamente en un plano teórico sino vivencial) que somos comprendidos y aceptados. Esto se aplica desde los grupos de Alcohólicos Anónimos, hasta en los grupos de personas con cáncer, o aquellas que han perdido a un ser querido. El punto en común es que han pasado por la misma experiencia y por lo tanto la empatía está ahí, presente, ayudándonos a transitar por cualquier camino sabiéndonos acompañados, comprendidos y aceptados.

Alguien empático es capaz de comprender las emociones y los sentimientos que está experimentando la otra persona. La capacidad de ponernos en el lugar del otro nos ayuda a comprender mejor el comportamiento de los demás en determinadas circunstancias. Para esto es indispensable saber escuchar con atención y percibir lo que otra persona siente como si estuviéramos en la misma situación que esta persona está viviendo.

Desarrollar una buena empatía en el ámbito psicoterapéutico nos brinda la posibilidad de comprender, ayudar y motivar a la persona que está atravesando por un mal momento y lograr así, a través de este puente de entendimiento, acompañarle de una mejor manera hacia lo que desea conseguir.

Mientras más empática es una persona, más solidaria y tolerante es, pero la empatía está relacionada con la verdadera inteligencia, por lo que no debemos confundirla con abandonar los propios intereses y principios por apoyar desmedidamente a los demás sin pensar en las consecuencias.

Carl Rogers, uno de los psicólogos más destacados en el terreno de la psicoterapia humanista, descubrió que toda persona posee capacidades para encontrar su camino y mejorarlo, es decir, para tener un estilo de vida ideal y adecuada. Él, conjuntamente con Abraham Maslow, fundaron el enfoque humanista en la psicología el cual rompió con la distancia entre paciente y terapeuta. El terapeuta es una persona que se coloca al mismo nivel del paciente, con el cual continuamente se encuentra interactuando.

Para Rogers, son la congruencia, la aceptación incondicional y la empatía, las tres actitudes básicas o vitales que una persona puede desarrollar y conseguir así la salud mental y su autorealización. Y claro que esto se logra si somos acompañados en un proceso terapéutico, por un especialista del comportamiento humano que cuente con una empatía sana, presente y desarrollada.

La empatía no es equiparable a otros sentimientos porque es muy peculiar. Sin embargo, podríamos relacionarla con otros sentimientos tales como el amor, la compasión, el compañerismo y la entrega por el otro. Y sí, la empatía implica cierta entrega pero más que nada en lo que respecta al acompañamiento. Cuando una persona se muestra empática para con otra, no quiere decir necesariamente que busque solucionar su problema o afección sino simplemente apoyarla y demostrarle su presencia a partir del permanente acompañamiento.

Cuando escribo esto, trato de comprender por qué Carl Rogers decía que estas tres actitudes (congruencia, aceptación incondicional y empatía) son de vital importancia para la salud mental del individuo y para su autorealización como persona. Y concluyo que si todas las personas desarrolláramos estas actitudes, la humanidad cambiaría, aprenderíamos a sentir compasión y solidaridad por los demás y estableceríamos relaciones de igualdad y armonía… y aunque esto es algo muy difícil, no es imposible.

¿Quieres vivir un proceso terapéutico?, si es así, puedes llamarme o mandarme un whatsapp al 5522558651. Me encantará poder acompañarte.

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