El doble riesgo de las mujeres periodistas

El doble riesgo de las mujeres periodistas

Érika Paz

Asesora parlamentaria en temas de comunicación. Co-conductora del programa Jaque Al Rey

@paz_eri

 

 

 

El doble riesgo de las mujeres periodistas

 

El gremio periodístico no escapa a la cúspide de la violencia. En un mes tres periodistas han sido asesinados: Cecilio Pineda, Ricardo Monlui y Miroslava Breach, y uno más fue herido gravemente, Armando Arrieta Granados.

El caso de Miroslava Breach Velducea, mujer y periodista, corresponsal de La Jornada, colaboradora del diario El Norte de Juárez, se suma a la lista de comunicadoras, reporteras, fotógrafos y editores silenciados por incomodar a las huestes del poder público y del crimen organizado.

Comunicación e Información de la Mujer A.C. (CIMAC) denunció en su informe bianual que entre 2014 y 2015 la violencia contra las mujeres periodistas aumentó en 70 por ciento en relación con los dos años anteriores (2012 y 2013), lo que evidencia que en las agresiones contra el gremio, el género no va desligado del ejercicio del periodismo. Al contrario, es importante señalar que en el caso de las mujeres el riesgo de ejercer el periodismo aumenta notablemente.

Llama la atención que este miércoles, en la comisión especial de Seguimiento a las Agresiones a Periodistas y Medios de Comunicación en San Lázaro, el diputado federal priista César Alejandro Domínguez Domínguez sugiriera al fiscal de Chihuahua, César Augusto Peniche Espejel, que el motivo del asesinato de Miroslava fuera, no su profesión, sino el hecho de ser mujer. Así también lo planteó el Quinto Visitador de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, Edgar Corzo Sosa, refiriéndose a los casos de las agresiones y asesinatos de mujeres periodistas indagados por esta dependencia.

Esta visualización parcial y sexista de los atentados contra las periodistas da cuenta de la revictimización a la que se enfrentan. Ministerios Públicos y fiscales generalmente ubican los asesinatos o a las agresiones contra las compañeras en el plano personal, (1)desenfocando así la línea de investigación que apunta a que más del 70 por ciento de las agresiones contra mujeres periodistas provienen de funcionarios, autoridades, gobernantes y elementos de seguridad privada. (2)

Asimismo, autoridades encargadas de impartir y procurar justicia excluyen de las indagatorias las líneas de investigación periodísticas que reportaban las comunicadoras al momento de la agresión, las cuales se relacionan generalmente con hechos de corrupción de funcionarios públicos y nexos con el crimen organizado, movimientos sociales, violaciones a derechos humanos, procesos de despojo o resistencia de los sectores más desprotegidos de la población.

De igual manera, la visión parcial y sin perspectiva de género de las autoridades las lleva a plantear que si las agresiones contra las periodistas no son por el hecho de ser mujeres, entonces se deben al activismo o por defender los derechos humanos, cuando estas categorías no van separadas del ejercicio del periodismo. (3)

Hay que recordar que en las últimas décadas el periodismo se ha diversificado en la misma medida en que lo han hecho las instituciones, y el número de fuentes y casos reportados se ha ampliado tanto como se ha extendido el abanico de violaciones a derechos humanos; además de que cada vez hay más mujeres periodistas ejerciendo su derecho a comunicar en defensa del derecho a la verdad, de la libertad de expresión, del derecho a la información.

El gran reto consiste en desmontar los estereotipos que las encasillan en categorías ubicadas en los planos sentimental o privado. El hecho de que Miroslava Breach no haya denunciado formalmente las amenazas recibidas en su contra –tal como sostuvo el fiscal César Augusto Peniche–, ya sea por reportar los nexos del crimen organizado con la repartición de alcaldías por parte del PRI; o por sus investigaciones sobre los rarámuris, entre otras, no es un asunto menor.

Habla de la falta de confianza en las instituciones (sin perspectiva de género), así como de un condicionamiento aprendido por muchas mujeres periodistas a no quejarse, a no alzar la voz, a no ser protagonistas de nada, a no compartir convicciones políticas para no recibir el insulto, el desprecio o descrédito de su trabajo por parte de sus compañeros, o no ser señaladas por “intentar llamar la atención”.

Además de puntualizar las diferencias de género en el ejercicio periodístico, es preciso subrayar que el silenciamiento, mediante amenazas, hostigamientos, acoso o, en la máxima expresión de la violencia, arrebatándoles la vida, se debe a su labor periodística e implica un atentado contra la libertad de expresión y el derecho a la información. Porque en la medida en que se arrebatada la vida a periodistas, también se silencian las voces de las personas afectadas por el crimen organizado, por la corrupción, por el tráfico de influencias, por el despojo, la pobreza, la marginación, los feminicidios, entre muchos otros males.

(1) Sus investigaciones se dirigen a la vida personal, estado civil, número de novios, las envidias o celos por conflictos familiares o vecinales.

(2) De acuerdo con el informe de CIMAC “El Poder del cacicazgo”, las agresiones contra las periodistas provinieron en un 54 % de funcionarios; 16 % de elementos de seguridad privada; y 11 % de sindicalistas.

(3) Cabe recordar que, de diciembre a la fecha, las reporteras Citlali Velásquez, Yohali Reséndiz, Leticia Animas, Abigail Soraya, Erika del Carmen Llaguno, Fabiola Cortés Miranda, Alejandra Marina Martínez, Rosario Manzanos; así como Tamara de Anda y Frida Guerrera, blogueras, han sido amenazadas y víctimas de acoso y hostigamiento en redes sociales. Iris Velázquez, Yolanda Caballero, Laura Sánchez y Violeta A. Santiago han sido agredidas físicamente.

 

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