Despreciar al pueblo: de gasolinazos y voluntades populares II/II

Despreciar al pueblo: de gasolinazos y voluntades populares II/II

Ricardo Bernal

Maestro y doctorante en filosofía moral y política (UAM-I). Profesor de filosofía social y filosofía de la historia (La Salle)

@FPmagonista

 

 

 

 

Despreciar al pueblo: de gasolinazos y voluntades populares II/II

En alguna ocasión, refiriéndose a los miembros del Partido Comunista Francés, Jean Paul Sartre señaló con sorna que al escucharlos hablar a uno le daba la impresión de que habían nacido en condiciones de trabajo asalariado, en edad adulta y sin vida pasada como niños y jóvenes. Esa misma impresión es la que me ha provocado la actitud de algunas personas de izquierda cuyas afirmaciones tajantes y condenatorias hacia quienes han decidido protestar por el aumento de la gasolina parecieran reflejar que son activistas de sexta generación, gente que sólo se desenvuelve en círculos donde todos conocen a la perfección las intrincadas razones de las fluctuaciones de los precios internacionales de los energéticos, el funcionamiento de los supuestos mecanismos de subsidio estatal, los pros y los contras macroeconómicos de los aumentos de la gasolina a corto y a largo plazo o los impactos medio ambientales específicos que deberían esperarse de tal o cual medida concreta del gobierno.

Dudo mucho que éste sea el caso, pero de serlo representaría una verdadera anomalía respecto a la situación que vive el común de la gente en nuestro país. Según datos del INEGI, en México únicamente el 20 % de los estudiantes que inician la primaria terminan la preparatoria y casi el 70 % de los adultos mayores de 50 años apenas cuentan con estudios de secundaria. Del pequeñísimo segmento de personas que han terminado la preparatoria o la universidad sólo una minoría ha dedicado sus estudios a cuestiones relacionadas con la política, la economía o la administración pública, otros tantos han volcado su atención en otras disciplinas igualmente importantes y muchos otros han terminado por dedicarse a labores que no se relacionan con sus estudios. La gente que por falta de oportunidades o por cualquier otra razón no ha podido culminar la educación media superior o superior ha desarrollado un conjunto de habilidades igualmente valiosas que les permiten vivir, socializar y trabajar diariamente en condiciones generalmente adversas echando mano de saberes y prácticas muy distintos a aquellos con los que suelen trabajar los investigadores o los analistas políticos.

En realidad, quienes nos dedicamos al análisis social, político o económico somos una minoría que cuenta con un preciado privilegio, el del “tiempo”: tiempo para investigar, para leer con atención, para reflexionar sobre lo leído y finalmente para escribir al respecto. Esta circunstancia nos debería llevar a preguntarnos sobre las formas en que podríamos transmitir nuestras reflexiones a aquellos que no gozan de este privilegio, máxime si además del reforzamiento autocomplaciente de nuestras convicciones aspiramos a producir un efecto político. Aunque después de muchos intentos no me resulta clara la manera en que esto podría lograrse, estoy cierto de que la peor forma de hacerlo es tachar de ignorantes, cínicos o inconscientes a quienes carecen de nuestros privilegios académicos.

Es muy probable que la gente que ha salido a protestar por el aumento de los precios en la gasolina ignore algunas de las sutilezas sobre la determinación de los precios de los energéticos, sin embargo, la experiencia cotidiana le ha permitido saber con certeza algo que algunos analistas parecen ignorar o han decidido omitir deliberadamente: que, de una u otra manera, este incremento terminará por afectar sus bolsillos mientras sus salarios siguen siendo bajos y su poder adquisitivo disminuye. Su indignación no sólo es comprensible sino enteramente justificable[1] y podría ser el germen de un movimiento mayor capaz de articular otras demandas mucho más profundas e importantes. No obstante, algunos han decidido que la incipiente reacción provocada por el aumento de la gasolina es un acontecimiento que no merece su apoyo y se han dedicado a desprestigiar sus demandas y a regatear la legitimidad de una movilización que al parecer adolece de la nobleza de otros movimientos considerados más dignos.  

Este tipo de posiciones evidencia la dificultad de ciertos sectores de la izquierda para entender la lógica por la cual se constituyen los grupos sociales y, con ellos, la manera en que podrían articularse acciones populares verdaderamente transformadoras. Deudora de la cartografía analítica dibujada por el pensamiento liberal, una izquierda autoasumida como moderna y racional (en oposición a una izquierda supuestamente antigua movida por impulsos emotivos primarios más que por argumentos) suele emparentar la acción popular con la reacción tribal de sujetos totalmente entregados al líder totémico. Así interpretadas, las demandas populares suelen verse como el resultado de un impulso emocional que debería ser subsanado por un análisis más complejo de la realidad o como el efecto de la manipulación de liderazgos carismáticos. En ambos casos, las exigencias populares son vistas como algo suplementario y no como el efecto verdadero de un conflicto político real que podría ser encauzado en una u otra dirección mediante la construcción simbólica y discursiva de una identidad colectiva.

Y es que[2] la apelación al pueblo o a lo popular no necesariamente tiene que ver con la falsa suposición de una esencia o una sustancia colectiva preexistente a la que se acudiría en el afán de construir una identidad artificial –como en el caso del nazismo, por ejemplo-, sino con la capacidad de articular un conjunto amplio de demandas que expresan los efectos reales de un malestar social en una unidad que las aglutine construyendo así una voluntad popular plural. De hecho, algo muy semejante ocurre cuando se hace referencia a esa totalidad, igualmente inexistente, aunque revestida de mayor respetabilidad para los sectores liberales, que es la “sociedad civil”.

Sea mediante la apelación al pueblo o a la sociedad civil, el reto de un movimiento de izquierda progresista, defensor de los derechos humanos, del feminismo, crítico con los efectos más nocivos del capitalismo global y con la crisis ambiental, no consiste tanto en solazarse con la inobjetabilidad de sus razonamientos al tiempo que desprecia a quienes no comparten sus convicciones, sino en intentar articular sus demandas, ciertamente legítimas, con las demandas populares de sectores probablemente menos politizados pero que seguramente resienten mucho más la crítica situación en la que se encuentra el país. Lo otro es amor a la endogamia, afición por el sectarismo, atracción velada por una aristrocracia intelectual, autocomplacencia o como gusten llamarlo… pero no acción política.

[1] De hecho, los argumentos desde la izquierda de quienes critican a los que se manifiestan por el aumento de la gasolina ni siquiera se sostienen. La base de su crítica es que en realidad este aumento sólo afectará a las clases medias privilegiadas que, de forma irresponsable, usan el automóvil. En realidad, como no han dejado de señalar los especialistas en la materia, los efectos indirectos del aumento en la gasolina afectarán a los sectores más empobrecidos a través del incremento en los alimentos y el transporte público. Un argumento supuestamente más elaborado arguye que el subsidio del gobierno a la gasolina es regresivo y, por lo mismo, es un incentivo perverso que beneficia más a los que más tienen. El problema de este argumento es que al revisar el histórico de los precios de la gasolina publicado por las propias instituciones gubernamentales las cifras no terminan por confirmar la existencia de dicho subsidio. Lo que sí existe es un Impuesto Especial a la Producción y Servicios mediante el cual el gobierno ha tratado de recuperar las pérdidas fiscales provocadas por el paulatino desmantelamiento de PEMEX. En cualquier caso, aun cuando el argumento del subsidio fuera capaz de sostenerse, se ve con claridad que la complejidad de la discusión no autoriza a nadie a suponer que nos enfrentamos a una realidad transparente y, en consecuencia, a pensar que quienes se indignan por los efectos reales que esta medida provocará lo hacen con la conciencia plena de mantener sus privilegios.    

[2] Tal como lo ha mostrado Laclau en la Razón populista

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3 Comments

  1. jo

    Mi querido profesor, no soy economista ni mucho menos, tampoco conosco de hgistoria politica, pero la simple logica y la congruencia me dejan ver claro que si en el mundo existen precios inferiores a los de Mexico y no siendo productores de petroleo, como te explicas que en Mexico se tengan este tipo de precios en materia de hidrocerburos, me parece sumamente sospechoso, cuando se tiene un gobierno corrupto, no existen las excusas que avalen estos manejos amañados.

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  2. Alicia Sosa

    Ya no sabe uno si lo que argumentan los que toman decisiones saben lo que hacen, los que si entendemos lo que afectan esas decisiones somos la población. Los términos que utilizan para explicar sus “atinadas decisiones” no los entendemos la mayoría de los mexicanos, lo que si entendemos es que cada vez alcanza para menos, los servicios públicos son deficientes, los niveles de contaminación aumentan, las leyes protegen a los privilegiados, la entrega del país casi es total.
    Estoy leyendo y analizando información sobre la clase OMECAFI, y me sorprende irme enterando que esa clase ha tomado el poder mundial desde hace por lo menos cuatro décadas, que se distingue por sus cualidades:
    1. (O) Son una oligarquía en función de la descripción que los antiguos griegos hacían del gobierno de unos pocos negativos y degenerados.
    2. (M) Su comportamiento es de una clase especial del crimen organizado, que imponen su ley mediante la amenaza y violencia, es decir, mafiosos.
    3. (E) Son especuladores en la acepción económica del término, se benefician de cualquier conocimiento que les permite lucrar comprando y vendiendo bienes sobre todo intangibles como: percepción, emoción, rechazo, esperanza. El especulador puede ganar o perder, finalmente no deja de ser una apuesta a que ocurra un suceso.
    4. (Ca) Son canallas en el significado que tiene la palabra en español, personas que merecen desprecio por ser bajos y ruines.
    5. (F) Son financieros precisando para vivir, de manera coloquial como el pez al agua, del mercado de capitales, es decir, las bolsas de valores. El financiero invierte en actividades productivas o bien intangibles, sin administrarlas directamente, a cambio de un beneficio, pero también un riesgo.
    6. (I) Son internacionales ya no tienen patria, su único límite es el mundo, a través de las modernas redes de comunicación y poderosas computadoras puden invertir en activos e intangibles de empresas, materias primas, recursos energéticos y bonos de gobiernos de cualquier parte del planeta. Son internacionales totalmente, en contraste con las otras clases sociales que siguen divididos, pensando en términos de aldeas, países y fronteras.

    Leer más: http://www.monografias.com/trabajos93/clase-omecafi-domina-mundo/clase-omecafi-domina-mundo.shtml#ixzz4VDtPIlSI

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