Las mentiras

Las mentiras

Claudia Soriano Segoviano. Psicoterapeuta Gestalt y Psicocorporal

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Las mentiras

 

“La verdad es una mentira socialmente aceptada”.

Friedrich Nietzsche

Si nos preguntaran si decimos mentiras, seguramente la mayoría de nosotros lo negaría, lo cual, claro, sería una mentira más. Todas las personas mentimos en mayor o menor grado, y es importante aclarar que mentir no solamente es decir cosas que no son verdaderas, sino que mentimos también cuando ocultamos información; es más, podemos mentir sin utilizar palabras, con gestos (una sonrisa fingida o lágrimas “de cocodrilo”). Los motivos por los que lo hacemos son muchos y tan variados como nuestra complejidad de pensamiento nos lo permita.

Muchas veces lo hacemos para crear una imagen de nosotros mismos, para no asumir responsabilidad, para quedar bien con los demás, para conseguir algo que queremos, por miedo a las consecuencias de decir la verdad, porque no sabemos decir que no o simplemente por el placer de hacerlo.

Imaginen por un momento lo que sería hablar siempre con la verdad, no poder ocultar o siquiera maquillar la realidad y que hasta el más oscuro de nuestros pensamientos pudiera “verse” a simple vista. Las relaciones entre las personas serían verdaderamente caóticas.

No estamos acostumbrados a lidiar con la verdad en su forma más cruda. Imaginen que invitan a comer a una persona y les diga que lo que prepararon con tanto esmero resulta incomible, o que les digan que la ropa que usan les queda fatal, o que se encuentran a alguien y les dice “pero qué fea o feo estás”… en fin, tantos ejemplos. Seguramente pensaríamos que la persona en cuestión es muy grosera o no es “educada”.

David Livingstone, filósofo de la Universidad de Nueva Inglaterra (EE.UU.), publicó el libro “¿Por qué mentimos?”. En él explica que mentir da ventajas; por eso dice que “mentimos de forma espontánea igual que respiramos o sudamos”. Expone en su libro que el ser humano es el único animal capaz de engañarse a sí mismo.

Empezamos a mentir desde la infancia, alrededor de los 3 años de edad. Estudios científicos demuestran que hay cerebros que por su estructura tienen mayor facilidad para mentir que otros y que hacerlo requiere un esfuerzo extra, debido a que se activan zonas del córtex frontal que desempeñan un papel en la atención y concentración, además de vigilar posibles errores.

Mentir es actuar, fingir, inventar, imaginar. Mentir requiere un esfuerzo. Sería más simple decir la verdad con todas las implicaciones que esto tenga.

Las mentiras “blancas”, las mentiras “piadosas” o “inocentes”, como quiera que las llamemos o justifiquemos, seguirán siendo mentiras. Hay grados, por supuesto, que causan menor o mayor daño, y finalmente es un asunto de moral inherente a cada quien.

Y bueno, entonces… tú ¿mientes?

Como siempre, me gusta conocer tu opinión, así que si quieres déjame tu comentario, y si te gustó el contenido, compártelo.

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